Foto: OPS

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Por Nicolás Gildengers
Neuquén es una provincia que creció a partir de las regalías del petróleo, sumándose más tarde los ingresos producidos por el turismo. El centro geográfico es Zapala, localidad a la que se llega desde la ciudad capital por la ruta provincial 22, pasando primero por urbes como Plaza Huincul y Cutral Co; un camino bordeado de refinerías y bombas extractoras de petróleo.

Zapala creció a partir del trabajo estatal y del comercio como principales fuentes de empleo. Las Fuerzas Armadas fueron pioneras en este sentido: se asentaron el Ejército y Gendarmería, además de las seccionales de la Policía Provincial y Federal. Esto produjo que el comercio creciera y la ciudad se transformara en el centro comercial de la provincia. Más tarde comenzaron a instalarse algunas empresas mineras, dedicadas a la extracción de zinc y piedra laja, entre otros; y en las afueras se encuentra la cementera y calera de la empresa Loma Negra.

Al llegar a la ciudad desde Neuquén, otrora limpia de edificios, se veía de fondo la pre-cordillera a varios kilómetros de la entrada. Pero eso cambió: ahora, a lo lejos, un edificio enorme corta el paisaje de la meseta patagónica -que para el ojo distraído puede parecer un desierto lleno de yuyos. Un cuadrado todavía en construcción. Una señal. De pronto, en este tranquilo lugar en el que viven unas 35.000 personas, levantan otro casino, el quinto. La instalación de este antro dio a entender el gran cambio que se avecinaba.

Además del nuevo edificio, el hotel más caro de la ciudad pasó de las manos de Daniel Sapag a las de Cristóbal López, empresario muy amigo del ex presidente Néstor Kirchner. López llegó asociado a Héctor Cruz -ex funcionario de la dictadura que hacía inteligencia para el Ejército-, Ricardo Benedicto -apostador crónico y vicepresidente de Casino Club S.A. y dueño de 60 caballos de carrera- y Juan Castellanos -enigmático hotelero.

Esto no sería todo. De pronto apareció una empresa petrolera para hacer las perforaciones en busca del oro negro. El intendente Edgardo Sapag, del Movimiento Popular Neuquino (MPN), habría firmado todos los papeles que permiten la exploración de yacimientos en el ejido municipal de Zapala.

Debajo de la ciudad, a unos 90 metros de profundidad se encuentra el acuífero zapalino, el único del cual se puede extraer agua de calidad mineral y que abastece  a esta ciudad que no cuenta con ríos, arroyos, ni nada parecido. El intendente saliente, Raúl Podestá (Frente Grande), había rechazado las exploraciones durante sus dos períodos, no sólo por la posible contaminación de las napas sino también porque las exploraciones producen movimientos sísmicos, y como el agua está alojada sobre una capa impermeable de arcilla, al moverse la tierra se pueden ocasionar filtraciones, perdiéndose el acuífero.

Elecciones: el sí a las petroleras

Luego de las elecciones de 2007 todo cambió. Jorge Sapag (MPN) -ex vicegobernador de Jorge Sobich- fue electo gobernador y su primo Edgardo Sapag, intendente zapalino.  El Subsecretario de Medio Ambiente de la provincia, licenciado Julio Anguita, informó que el intendente electo había autorizado a las empresas petroleras a explorar la zona, pero “la autorización nunca fue encontrada en un expediente muy foliado en el que faltan hojas, por lo que no se sabe si dicho consentimiento fue escrito o verbal” -dijo la diputada provincial por Alternativa Neuquina, Soledad Martínez. El hecho fue planteado en la Legislatura sin resultados positivos. La misma diputada también presentó el proyecto de ley que intenta proteger el ejido municipal.

Los habitantes de zonas rurales se encontraron un buen día con máquinas perforando los terrenos de sus casas. La empresa Pluspetrol contrató gente para que recorriera esas casas, alejadas de la urbe, ofreciendo dinero y convenciéndolos de lo ventajoso de dejar sus viviendas e irse a la ciudad.

Es cierto que el actual gobernador heredó una pesada carga financiera y para evitarse un clima de convulsión social giró recursos, con los que no contaba todavía, para pagar los sueldos de los empleados estatales. Es por esta razón que corrió hacia las petroleras, para tener dinero fresco y que no le prendieran fuego la provincia. El pago de derecho a licitación por parte de las empresas, se haría en cuotas. Veinte cuotas. La primera de ellas en diciembre de 2008, para pagar los aguinaldos, y la segunda, casualidades de por medio, en junio de 2009, con los mismos fines. “Lo que ellos quieren es tener una gestión tranquila, total después el desastre que quede es un problema de los que vienen”, dijo Martínez.

-Preguntas y respuestas

Mientras los medios de comunicación hablaban de cómo se gastarían las regalías que la provincia recibiría, una ciudad creía (y cree), erróneamente, que podría acceder a un trabajo en las empresas que lleguen, cuando éstas en realidad utilizarán mano de obra especializada que no se encuentra en el lugar.

La pregunta para hacerle al gobernador es: ¿era necesario extender de forma ilegal los contratos con las empresas para obtener los fondos, o bastaba con hacer efectivo el cobro de las indemnizaciones que deberían pagar las compañías por destruir la naturaleza de la provincia -considerada por los pueblos originarios un bien existencial, sin el cuál la vida es imposible?

Si bien en algunas escuelas se hacen trabajos de concientización sobre la problemática del agua, los medios locales casi no tocan el tema y a la mayoría de la población le falta información para poder tener un pensamiento crítico sobre este tema. Como siempre, a más desinformación, más fácil es para los gobernantes realizar sus maniobras.

A la contaminación del agua habrá que sumarle la de las tierras, el aire y la económica -como la llaman algunos habitantes del lugar-, el consumismo se hará sentir de inmediato. Ya no se consiguen casas para alquilar y hay familias que alquilan cuartos de sus casas a precios elevados para “hacer unos pesos extra”. También se establecieron nuevos asentamientos en las afueras de la ciudad. En dichas tomas de tierras se están instalando casas a las que el municipio no les garantiza el agua, por lo que los mismos habitantes hacen sus propias perforaciones, sin ningún control de potabilidad.

Es una curiosidad la cantidad de nuevos efectivos policiales. Esto no es un hecho menor, y se puede pensar que es una buena forma de generar “garantías jurídicas” a los inversionistas. Sus negocios serán protegidos, una vez más, por un estado ausente para la población, pero muy presente a la hora de negociar contratos, que bien podrían caratularse de “robos a mano armada”.

“El futuro llegó hace rato, todo un palo, ya lo ves”, dice el Indio Solari. Si este es el progreso que nos ofrecen, yo no lo quiero. Prefiero seguir viendo la luz de las estrellas en las noches de verano, la cordillera a lo lejos con sus puntas nevadas todo el año, o esos yuyos que los turistas ven como algo sin gracia. Pero lo más importante, no quiero un pueblo esclavo de las multinacionales y del consumo impuesto por ellas. Quiero abrir la canilla de la cocina y tomar el agua mineral que tomé siempre. Es imposible que el agua no se contamine con petróleo, pero hay gente que, cegada por algo que nunca recibirá, pierde toda capacidad crítica. Si se piensa un poco ¿Qué es más importante para la vida, el petróleo o el agua? Creo que sé la respuesta…

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