Construido en 1945, el conjunto de gigantes se resiste al abandono en Challacó, un paraje que fue un pueblo, el mayor yacimiento de petróleo y también una sede universitaria. Se trata de un complejo de cinco edificios que tuvieron todos los servicios y un espacio para la práctica de deportes.

La Mañana Neuquén

Neuquén > Parece que las hormigas también resolvieron irse de Challacó: en la decena de hormigueros que rodean los edificios abandonados no hay vida. Se mimetizaron con los humanos que dieron origen a una colonia enclavada en pleno desierto en 1945, con tres pabellones de ladrillo de 30 por 10 metros y un complejo de galerías que supera esas dimensiones, que hoy están a merced al vandalismo y el abandono.

Se trata de un conjunto de cinco edificios que están a pocos metros de la actual Ruta Nacional 22, hacia el sur, y sólo uno de ellos está reacondicionado y rodeado de un alambrado donde funciona la Escuela Provincial 176 Paraje Challacó Hue Ruca.

El conjunto de ruinas se ubica en lo más elevado de la meseta desde la cual se puede observar el sentido literal de la traducción del término mapuche castellanizado Challacó: olla de agua.  Es una gigantesca depresión a unos 70 kilómetros de la ciudad de Neuquén donde desaguan los cordones de Cerro Bandera hacia la zona del Valle.

Los tres pabellones construidos para funcionar como dormitorios tenían (o tienen) un estilo colonial con tejas y el techo a dos aguas. En cada uno de sus extremos tienen dependencias de servicio, en una de ellas evidentemente funcionó un estar con un hogar con chimenea y en el otro extremo los sanitarios colectivos.

El techo fue derribado, sólo quedan algunos restos de las tejas color rojo. Los azulejos del baño quedan aquellos que sobrevivieron al vandalismo al igual que las cañerías de agua y los caños por donde se conducía la electricidad a cada una de las 18 habitaciones de tres por tres, con dos pequeños placares y cuyas puertas internas dan a un largo pasillo de 30 metros. Caminar por ese conducto interno es fantasmagórico y no existe ni un indicio de vida, sólo el ruido del viento que se cuela por los huecos de lo que alguna vez fueron puertas o ventanas. El calor y el sol de enero parecen un fuego que cocina lentamente estas ruinas en una sartén.

Este conjunto de edificios fue construido en el año 1945, según rememoran los pocos pobladores que custodian las instalaciones de la estación del ferrocarril de Challacó que está ubicada hacia el norte de la Ruta 22, y concebido originalmente para servir de albergue a trabajadores. Era una época en que la explotación petrolera tenía allí uno de los puntos de mayor extracción.

Fue abandonado, hasta que en el año 1965 se sancionó la ley 414 que creó la Universidad Provincial del Neuquén que comenzó a funcionar en este “campus” en medio del desierto cuyos edificios fueron cedidos en calidad de préstamo por la entonces estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Armando París fue el primer decano de la Facultad de Ingeniería quien también tenía a su cargo los talleres de YPF y dirigía la Escuela Nacional de Educación Técnica de Plaza Huincul. Fueron 90 alumnos que vivían allí de lunes a viernes. Cada pabellón albergaba a 36 estudiantes, a razón de dos por cada una de las 18 habitaciones.

El proyecto se trastocó unos cinco años después cuando empezó un movimiento para trasladarla en función del aislamiento social que sufrían los estudiantes (Plaza Huincul está a 25 kilómetros y Neuquén a 70 kilómetros) y el reclamo de la nacionalización. En una de las paredes que da hacia el oeste del edificio de galerías y servicio se alcanza a leer un graffiti que dice: “nacionalización sin demagogia”. Se refiere, justamente a ese reclamo. El centro de estudios se trasladó y en 1971 se sancionó la Ley 19.117 que permitió que el 1 de enero de 1972 comenzara a funcionar lo que hoy se conoce como Universidad Nacional del Comahue.

Así como después de 20 años de su original construcción se reciclaron las imponentes instalaciones para albergar a estudiantes universitarios, dos décadas después que se cerraran, el gobierno provincial puso en marcha allí un proyecto para que funcione una cárcel abierta para internos a quienes les quedara poco tiempo de condena. El plan fracasó por motivos que oficialmente no se aclararon.

A 65 años, el complejo de cinco edificios languidece y el vandalismo se ocupó de arrancarle lo imposible. Pero el paso del tiempo no puede hacer desaparecer estas gigantescas estructuras, cuyas paredes de ladrillo y  revoque de cemento son tan contundentes que parecieran reclamar por una cuarta oportunidad, un nuevo reciclaje para otro fin.

Los más nuevos enfrentan el olvido

Neuquén > Los edificios que son más recientes son los del Destacamento Policial Challacó que está abandonado y el de la Escuela Provincial 176 Paraje Challacó. Por el estilo de construcción de ésta, específicamente el techo que es de chapa, es diferente al de los pabellones abandonados. El del destacamento es un cubo de dos plantas con dependencias internas y un galpón de 15 por 10 en la parte posterior.

Ambos edificios se encuentran divididos por el camino de ingreso a Challacó sur que es utilizado por las empresas petroleras del área Al Sur de la Dorsal. La escuela está rodeada de un alambrado en cuyo interior se observa el patio, el mástil y un galpón. El portón de acceso tiene un considerable candado y cadena.

En el interior del destacamento hay dependencias que están selladas y se pueden ver graffittis en su interior y fogatas que tiñeron de negro las paredes. Este edificio cuenta con el techo a diferencia del galpón posterior. Hacia el sur de estas construcciones hay otra que pertenece a la Asociación de Fomento Rural Challacó.

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