Funciona en el continente blanco el primer Módulo Argentino de Energía Limpia (MAEL I). Surge del trabajo conjunto entre el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), la Planta Experimental de Hidrógeno de Pico Truncado, la Asociación Argentina del Hidrógeno y la Escuela Superior Técnica del Ejército. Cuenta además con el apoyo financiero del gobierno provincial, PAE y el Banco Mundial

Desde enero de 2009 comenzó a funcionar el primer Módulo Argentino de Energía Limpia (MAEL I), para proveer de energía limpia a la Base Esperanza en la Antártida. Según el secretario técnico de la Asociación Argentina del Hidrógeno (AAH), José Luis Aprea, luego de cumplido más de un año “puede hacerse un balance positivo en todos los renglones, excepto en la duración de los componentes expuestos a la inclemencia climática, como es el caso de los aerogeneradores, que han resultado dañados durante un temporal único que implicó condiciones absolutamente inusuales, como vientos del orden de los 300 kilómetros por hora”.

Lejos de cualquier actitud pesimista, el secretario técnico de la AAH afirma que este obstáculo les “permitirá estudiar los problemas suscitados y proponer eventuales cambios en el diseño y en los materiales”.

El resto de los componentes del MAEL I funcionaron perfectamente y su impacto fue apreciado por los habitantes de la base, que pudieron comprobar las aplicaciones del hidrógeno en sus labores cotidianas. Ahora, la palabra clave es “continuidad”, ya que -concluye Aprea- “se seguirán requiriendo recursos, esfuerzos y buenas relaciones para garantizar la continuidad en el tiempo de las acciones experimentales, para que estas devengan en realidades concretas”. La experiencia del MAEL I, además, podría replicarse en sitios aislados de la Patagonia o en áreas de compromiso ambiental, como las grandes ciudades con niveles altos de contaminación.

Aporte santacruceño

El MAEL I produce energía eléctrica a partir del viento, sin contaminar el ambiente, que es utilizada para calefaccionar, cocinar y hacer funcionar motores a hidrógeno. Con este proyecto Argentina se convierte en el segundo país en instalar equipos de hidrógeno en la Antártida. El MAEL I es un desarrollo totalmente argentino que surge del trabajo conjunto entre el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), la Planta Experimental de Hidrógeno de Pico Truncado, la Asociación Argentina del Hidrógeno y la Escuela Superior Técnica del Ejército y está destinado a proveer con energía limpia a sitios aislados. Se alimenta con energía eólica -pero puede usar cualquier otra energía renovable- para poder producir y almacenar hidrógeno y oxígeno a 30 bar, sin usar compresores.

“Lo importante es que el resultado final es agua, en todo el ciclo no hay contaminación, porque se aprovecha la energía del viento y el resultado final es agua o vapor”, explica el licenciado Ricardo Lauretta del departamento de Ingeniería Mecánica del ITBA, que coordinó a sus alumnos para poder desarrollar el MAEL I.

El emprendimiento fue posible gracias al impulso económico brindado por el gobierno de la provincia de Santa Cruz, la empresa Pan American Energy y al aporte del Banco Mundial a través del Fondo para el Medio Ambiente Global (GEF), que consideró de máxima importancia a este proyecto cuando fue presentado en la convocatoria de 2006.

Por su parte, el ITBA diseñó y desarrolló la tecnología para producir y almacenar hidrógeno a alta presión, sin usar compresores. Aplicando dicha tecnología construyó el electrolizador del MAEL I, que consume 0,8 litros de agua para producir 1 m3N de hidrógeno que, con una potencia aplicada de 5kW, obtiene 0,7 m3N/h de hidrógeno. El electrolizador posee operación automática y puede ser comandado a distancia vía Internet.

En tanto, la Planta Experimental de Hidrógeno que opera en Pico Truncado, Santa Cruz, junto a la Asociación Argentina del Hidrógeno, crearon para el MAEL I el aerogenerador de 5 kW y varios de los equipos alimentados con hidrógeno, como el quemador y el horno con llama directa; el grupo electrógeno a partir de un motor originalmente naftero y el almacenador de hidrógeno en hidruros.

La Escuela Superior Técnica del Ejército desarrolló y perfeccionó una pila de combustible tipo PEM que a partir del hidrógeno proporciona electricidad suficiente para el funcionamiento de elementos de computación e informática. Asimismo, esta institución colabora con docentes para la capacitación y difusión de estas energías renovables en la Planta Experimental de Hidrógeno de Pico Truncado, y tiene a su cargo proveer el personal capacitado para operar el MAEL I en la Base Esperanza de la Antártida.

La Antártida

¿Por qué se eligió la Antártida? La explicación debe partir de un dato de la realidad: desde el punto de vista de su calefacción y suministro eléctrico, todas las bases ubicadas allí funcionan con combustibles fósiles que deben ser transportados periódicamente desde el continente. Esto incluye gasoil, fuel oil, gas licuado, combustible para aeronaves (JP) y acetileno para los equipos de soldadura. “El costo del combustible y de la energía en la Antártida es altísimo”, asegura Lauretta, y cita como ejemplo el caso del gasoil antártico, que debe ser desparafinado para poder soportar las bajas temperaturas, cuyo costo puede llegar a ser entre cinco y diez veces superior al valor que encontramos en el surtidor en Buenos Aires.

En cuanto a la cantidad de energía utilizada, cada metro cúbico de hidrógeno requiere para su producción entre 4,5 y 5 kilovatios/hora (kW/h). A su vez, ese metro cúbico es capaz de entregar posteriormente un máximo de 3,3 kW/h. “Si producimos energía eléctrica con una celda de combustible, recuperamos 2,5 kW/h, mientras que si lo quemamos en un motor de combustión interna, con un rendimiento todavía más bajo, podríamos recuperar 1 kW/h”, detalla Lauretta, quien aclara que aunque no suene muy atractivo, ese rendimiento es mucho más eficiente que el de un automóvil último modelo, que utiliza menos del 5% de la energía que tiene almacenada en su tanque. “El sistema presenta una arquitectura muy sólida; sin embargo, es experimental ya que las condiciones en la Antártida son extremas desde el punto de vista climático”, indicó finalmente José Luis Aprea.

La Opinión Austral