El gigante asiático se está asegurando los recursos de gas y petróleo, invirtiendo y comprando activos por todo el mundo, incluida la Argentina. Nuestro país debería revisar un tema que no parece satisfactorio en el mediano y largo plazo.

Por Víctor Bronstein.- Las sociedades modernas se sustentan en un altísimo consumo energético, estructurado a partir de tres flujos que moldean y posibilitan nuestra forma de vida: alimentos, electricidad y combustibles líquidos.

Sin ellos, se derrumba nuestra civilización. Por esto, las potencias buscan asegurarse estos flujos de manera estratégica, ya sea firmando acuerdos de cooperación con los países que poseen los recursos, favoreciendo las inversiones de sus empresas en estos países o, incluso, con presencia militar.

China ha entrado tardíamente en la civilización industrial, pero hoy es una potencia y su ingreso a la modernidad está cambiando la geopolítica mundial al requerir cada vez más energía y alimentos.

Hasta hace quince años China exportaba petróleo, hoy ha superado a EE.UU. como primer importador mundial de crudo. Casi el 60% del aumento de la demanda de petróleo a nivel mundial proviene de la potencia asiática.

En el mundo se están construyendo alrededor de 50 nuevas centrales atómicas, de las cuales 30 están localizadas en China. Según el Departamento de Energía de Estados Unidos, el consumo mundial de carbón crecerá un 74% para 2030, liderado por China, que tiene planificado construir más de ¡500 centrales eléctricas alimentadas con carbón! En el World Energy Outlook 2010, publicado por la Agencia Internacional de Energía, se proyecta un crecimiento de la demanda mundial de energía del 36% para 2035, también liderado por China, cuya demanda crecerá un 75%.

China está sedienta de energía.

En los 70, Mao pensó construir la China moderna sobre las espaldas de los supuestamente abundantes recursos petroleros, pero tales recursos no existían. Esto llevó a que Beijing decidiera reestructurar el sector de hidrocarburos, que dependía del Ministerio de Petróleo y del Ministerio de la Industria Química, creando las empresas estatales de petróleo chinas que hoy se expanden por el mundo: CNOOC (China National Offshore Company), creada en 1982, Sinopec (China Petrochemical Corp.), en 1983, y CNPC (China National Petroleum Corp.), en 1988.

Las tres tienen un mismo objetivo: asegurar para China los recursos de gas y petróleo, invirtiendo y comprando activos por todo el mundo .

En 2005, Henry Kissinger se incorpora al International Advisory Board de CNOOC. El objetivo de ese comité es proveer a la gestión de la empresa un asesoramiento estratégico en cuestiones mundiales. El año pasado, CNPC anunció que en los próximos cinco años la mitad de su producción provendrá de sus activos en el exterior . Evidentemente, estamos ante el desarrollo de lo que podríamos llamar una diplomacia petrolera por parte de Beijing.

En este contexto, vemos que en nuestro país las empresas chinas han comprado en el 2010 el 50% del paquete accionario de Bridas en Pan American Energy (PAE) y han realizado una oferta firme por Occidental Petroleum (OXY).

Debemos preguntarnos sobre si estas operaciones son sólo operaciones comerciales que deben decidir los privados o si el Gobierno y la sociedad deben opinar y tomar posición . Este debate se dio en EE.UU. cuando CNOOC intentó comprar UNOCAL compitiendo con la oferta de Chevron, en 2005. En ese momento se discutió entre la postura neoliberal de apertura de mercados y libertad para comprar empresas y los intereses estratégicos de los EE.UU .

A pesar del dogma liberal del gobierno de Bush, triunfó la postura del interés estratégico y no se permitió que China comprara UNOCAL , aduciendo la falta de reciprocidad, ya que las empresas americanas no pueden ir a comprar activos a China. UNOCAL tenía una participación marginal en el mercado de EE.UU. con apenas el 1% de la producción.

PAE y OXY son, respectivamente, la segunda y cuarta productoras en nuestro país.

Todavía estamos a tiempo para tomar una decisión política respecto a OXY.

De los tres flujos energéticos, nuestro país es y será exportador de alimentos y tiene grandes potencialidades para la generación eléctrica, pero seguramente tendrá dificultades para mantener el autoabastecimiento de hidrocarburos , lo que nos llevaría a competir con China por estos recursos.

En 1973, Argentina importaba petróleo y sufría problemas energéticos. En julio de ese año, Perón tuvo un encuentro con el cónsul general de Kuwait quien lo invita a la Conferencia de Países No Alineados a celebrarse en Argelia en el mes de septiembre. A partir de ahí, Perón impulsa el contacto con las naciones árabes con una consigna visionaria: energía por proteínas.

Energía por proteínas: esa es la clave para buscar nuestros socios estratégicos, entre los cuales, con seguridad, no estará China .

Clarín

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