El sector rebelde del gremio condicionó el final del paro a la expulsión del secretario Segovia

Mariela Arias
Corresponsal en Santa Cruz

El constante movimiento pendular de las cigüeñas petroleras que de a miles siembran la estepa patagónica se encuentra detenido desde hace 21 días sin extraer una gota de petróleo. El panorama desolador se repite en todo el norte santacruceño desde que se inició un paro por reclamos salariales que ayer entró en otra encrucijada: una asamblea de más de 5000 trabajadores condicionó el final del paro a la expulsión del actual secretario general del sindicato, Héctor Segovia.

El sindicato del petróleo y gas privado de Santa Cruz cuenta con 10.500 afiliados, el 85% de ellos trabajan en la cuenca del Golfo y ayer demostraron que dejaron de responder al poderoso gremialista, cercano al kirchnerismo, que desde hace siete años conduce los destinos del gremio más rico de la provincia.

Pese a la resistencia del ala dura del gremio, que insistía en continuar con el paro por tiempo indeterminado hasta que el Ministerio de Trabajo de la Nación apruebe un nuevo convenio colectivo para el sector, la conducción rebelde, encabezada por Rubén Retamoso, secretario adjunto del gremio, logró convencer a los enardecidos petroleros de suavizar la medida: levantar el paro apenas la cartera laboral acepte la asamblea de ayer como acción válida para expulsar al ahora cuestionado dirigente gremial.

Un atraso de cuatro años en el convenio colectivo de trabajo, un alejamiento de la provincia y un fuerte cortocircuito con los 140 delegados y sus bases fueron algunas de las críticas a Segovia que con fuertes epítetos recordaron ayer a viva voz los miles de trabajadores apostados en un enorme descampado ubicado a la vera de la ruta 12, al canto de “fuera, fuera, fuera «Chaco», fuera”, en referencia a Segovia. Aquí, en Cañadón Seco, a 12 kilómetros de Caleta Olivia, hace 68 años se encontró el primer pozo petrolero de la provincia, el 0-12, hoy cerrado con un monolito que recuerda la epopeya.

Del otrora bullicioso campamento petrolero, en la actualidad queda un pequeño pueblito de poco más de 600 pobladores que mantiene la mística intacta: quizá por eso ayer aquí se realizó una asamblea calificada de “histórica” por muchos de los participantes, que no recordaban otra igual.

Sin alternativas

La asamblea extraordinaria empezó pasado el mediodía en un predio al aire libre, único escenario posible para reunir a la multitud, que en pequeños fogones acortaban la espera en algunas casillas e improvisadas carpas.

En una suave hondonada de la estepa que simulaba un anfiteatro natural, pegados hombro con hombro, los petroleros iniciaron la asamblea cantando el Himno Nacional. Luego, sin perder más tiempo, Retamoso, secretario adjunto, tomó la voz y planteó la razón de la asamblea, que pretendía poner punto final a un paro, que para el gobierno provincial es una medida que ya no tiene razón de ser.

El lunes pasado la viceministra de Trabajo nacional, Noemí Rial, había firmado una resolución otorgando un 10% de aumento salarial no remunerativo como compensación del atraso en la firma del convenio colectivo de trabajo. También se estableció que el convenio se firmaría en junio y se otorgaría un bonus de $ 25.000 por empleado en cinco cuotas bimestrales. Levantar la medida de acción directa era la condición necesaria. Pese al acuerdo de todas las partes, las asambleas se negaron a aceptar una medida “acordada en Buenos Aires”.

La partida de Segovia ahora parece la única alternativa para destrabar este conflicto. Desde el sector de Segovia cuestionaban ayer la legalidad de una asamblea convocada sin el tiempo suficiente de anticipación.

“Siempre y cuando Segovia deje de cumplir su función como secretario general vamos a deponer la medida de fuerza”, aseguraba Retamoso, minutos después de una asamblea que se extendió poco más de una hora.

“Ahora queda a criterio del Gobierno o de la Federación, acá hasta que no aparezca un papel que nos asegure que Segovia se apartó de la conducción no podemos ponerle fecha a la finalización del paro”, afirmó Retamoso a LA NACION. Por su parte, varios delegados admitieron que esta salida es la única que garantiza que no se intervenga el gremio y que se continúe con las negociaciones del convenio colectivo de trabajo.

Minutos después de la asamblea, Marcelo Salguero, secretario gremial y fiel a la conducción de Segovia -ningún miembro del oficialismo asistió a la asamblea- afirmó en una radio que la acción gremial dejó a la vista el espíritu destituyente de la medida de fuerza. “Ahora sale a la luz que lo que ellos querían era que se vaya Segovia”, argumentó.

Lo que nadie parecía tener claro aquí es cómo seguirán los pasos para que la votación de expulsión llegue a algún puerto. Hasta anoche no había trascendido si la cartera laboral recibiría las actas labradas ante escribano al ingresar a la asamblea o si la federación que agrupa a los sindicatos petroleros iba a intervenir a favor de Segovia.

Según trascendió, los delegados y sus referentes habían recibido un guiño de parte del gobierno nacional para aprobar la expulsión de Segovia si ésa era la condición para terminar el paro.

En tanto, Segovia ayer a la tarde apenas logró reunir a 300 trabajadores en la ciudad de Pico Truncado. El gobernador Daniel Peralta anoche realizó otro pedido a los petroleros para que levanten el paro, “porque les están haciendo daño a la provincia y al país y no va a tener reparación en el corto y mediano plazo”.

Y también realizó un llamado para que no haya “ningún hecho violento” que altere la paz social en la provincia. Lo dijo cuando aquí aún están frescos los ecos de la violenta paliza que trabajadores de la Uocra le propinaron a una manifestación de estatales y docentes el 28 de noviembre.

La Nación