Por Anne Beatrice Clasmann.- Total, Eni, Shell, Exxon, BP, Gazprom, Repsol y Wintershall. Antes del conflicto, casi todos los gigantes de la industria energética estaban en Libia. Las bombas de crudo están, sin embargo, paralizadas ahora en el país norafricano.

La situación es sombría tanto para los rebeldes como para el régimen de Muamar el Gadafi. El portavoz del Consejo Nacional de Transición en Bengasi resumió recientemente la situación: «En marzo exportamos una pequeña cantidad de petróleo almacenada en Tobruk con ayuda de la compañía petrolera catarí. Fueron unos 100.000 barriles, pero ahora se terminó, ya que por el momento no hay producción en ningún otro yacimiento de Libia».

Lo ocurrido tiene varias razones. Primero, las multinacionales retiraron a su personal. Luego el frente fue desplazándose cada vez más cerca a los grandes yacimientos. Los daños causados por la guerra y el sabotaje terminaron de rematar a la industria del crudo, que en tiempos de paz representa el 95% del presupuesto nacional.

La evolución es dura para la insurgencia, que tiene que garantizar el suministro de la población en las zonas «liberadas». Pero los problemas son aún mayores para Gadafi, que ya no tiene siquiera nafta para abastecer a las estaciones de servicio en la región controlada por su Gobierno.

«Gadafi envió una sola vez crudo a Grecia y ha intentado varias veces transportar nafta a Argelia», contó el portavoz rebelde.

Las energéticas internacionales, en cambio, sufren menos la falta de producción en Libia, ya que la escasez ha causado una suba de los precios en el mercado mundial, que les depara más ingresos por barril vendido.

La cantidad producida por la compañía francesa Total, por ejemplo, se redujo en el primer trimestre del año, mientras al mismo tiempo aumentaron las ganancias. La misma situación se dio para la energética italiana Eni, el mayor productor de crudo en Libia.

Las multinacionales han evitado hasta ahora el contacto oficial con Bengasi. La situación podría cambiar pronto, sin embargo, ya que si los rebeldes asumen algún día el poder en Trípoli, es de esperar que den preferencia a las firmas que se pusieron temprano de su lado.

Por ahora, no obstante, el sector energético libio está en una especie de limbo. Algunos juristas debaten incluso sobre si es posible vender el petróleo de los rebeldes o si las actividades están comprendidas en el embargo.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) también está entre la espada y la pared. Tanto el régimen de Gadafi como los rebeldes insisten en enviar a un representante a los encuentros de la OPEP.

Ello, pese a que el propio responsable de finanzas y petróleo de la insurgencia, Ali al Tarhuni, reconoce que los suyos todavía no tienen la capacidad de exportar crudo.

«Nos esforzamos lo que podemos por proteger los yacimientos sin contratar para ello a firmas de seguridad extranjeras», dijo Al Tarhuni recientemente durante una conferencia de prensa en Bengasi.

Nadie se atreve, sin embargo, a un pronóstico de cuándo Libia podrá volver a su cuota de exportación anterior al estallido del conflicto, de alrededor de 1,6 millón de barriles al día. (Fuente: Agencia DPA)

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