Por primera vez en más de dos décadas, la Argentina cerrará este año con un déficit en la balanza comercial energética.

Las proyecciones de los especialistas ubican al rojo entre los 1500 millones y los 3000 millones de dólares, una cifra que representará una fuerte disminución sobre el cada vez más reducido superávit comercial global argentino.

La combinación del estancamiento en las exportaciones de petróleo crudo y el acelerado crecimiento de las importaciones de gasoil (además de algunas naftas) y de las compras externas de gas (tanto desde Bolivia como a través de barcos) revirtieron el tradicional autoabastecimiento energético de la Argentina.

Las caídas en las reservas y la producción de crudo y de gas durante la última década son el marco general del cambio de escenario. Sólo en el primer cuatrimestre, las importaciones de combustibles y lubricantes crecieron 142% en términos interanuales y totalizaron compras por US$ 1943 millones, según el Indec. En cambio, combustibles y energía fue el único rubro de las exportaciones que mostró una caída interanual (-6%) y cerró los primeros cuatro meses con US$ 2207 millones. Ese exiguo superávit se evaporará rápidamente en los meses del invierno, cuando por el mayor consumo se deberán incorporar a la red más de 30 m³ por día a los que se producen localmente.

“Nuestras estimaciones son que, si sumamos las operaciones de petróleo crudo, derivados [gasoil, fueloil, naftas], gas natural, gas licuado y electricidad, este año cerraría con un déficit de más de 3000 millones de dólares”, afirmó el ex secretario de Energía Daniel Montamat. Su colega Alieto Guadagni publicó esta semana un informe para la consultora Econométrica, en el que reduce esa cifra a 2200 millones, mientras que el ex subsecretario de Combustibles Miguel Cuervo hizo un estudio en el que calcula que el déficit será de 1500 millones. Es la primera vez que ocurrirá esto desde que, en 1988, la Argentina recuperó el autoabastecimiento energético.

Más allá de cuánto sea el número final, ese rojo consumirá gran parte de los 10.000 millones de dólares de superávit que la Argentina tendrá este año en el comercio de todos sus productos. Hace sólo cinco años, en cambio, la energía aportaba casi la mitad del superávit comercial de US$ 12.000 millones. En el Gobierno no niegan la situación, pero señalan que el objetivo de la política energética es “abastecer la demanda y el crecimiento. El autor fue secretario de Energía de la Nación del país”. En ese sentido, indicaron fuentes del Ministerio de Planificación, se les da prioridad a la producción y a la exportación de manufacturas con valor agregado, “que son las que generan riqueza y empleo”.

Además, cuestionaron el modelo anterior, que permitía la exportación de gas a Chile a US$ 2 el millón de BTU “para que luego en Santiago sea vendido a 30 dólares”. Un punto clave en el déficit es la importación de gasoil, cada vez más requerida por las centrales de generación térmica ante la escasez de gas. En 2010 se importaron 3,1 millones de m³, pero la previsión para este año -apuntó Montamat- es que se deberán traer del exterior unos 4,5 millones de m³. La inyección de gas desde Bolivia (unos 7 millones de m³ diarios) y de los buques regasificadores es otra de las fuentes que contribuyen al déficit. El año pasado se requirieron 22 buques metaneros para la operación en Bahía Blanca, pero con la reciente incorporación de la planta regasificadora de Escobar, la cifra llegaría a 50. Esta situación surge del declive en la producción local de gas.

De los 52.400 millones de m³ producidos en 2004, se pasará este año a poco más de 45.000 millones, pese a que la demanda en estos años no paró de crecer. La actual política de precios incentiva la importación: al productor local se le paga US$ 2,65 el millón de BTU, mientras que el gas boliviano se paga US$ 8,77 y el fluido que llega por barco cuesta entre 13 y 15 dólares. “Como esta estructura de precios desalienta la producción nacional, crecen sistemáticamente las muy costosas importaciones -advirtió Guadagni-. En poco tiempo 1 de cada 4 metros cúbicos de gas consumidos será provisto por productores extranjeros a precios internacionales muy altos”.

“Este aliento a las importaciones se ha extendido a otros productos como el fueloil”. Otra causa del déficit es que en 2010 el país se transformó en importador neto de naftas por primera vez desde 1990. “En 2003 exportábamos 3 millones de metros cúbicos e importábamos cero. Esto se dio vuelta”, explicó Cuervo. Su proyección es que en 2011 el país incrementará sus déficits en gasoil, gas natural licuado y naftas, que habrá un comercio neutral en electricidad y fueloil, y que se mantendrá, aunque algo menor, el superávit en petróleo crudo y en gas licuado de petróleo (garrafas). (Fuente: La Nación)

PetrolNews

Factura récord: este año se irán $ 40.000 millones en energía

Vertiginosa suba del gasto público en importaciones y subsidios.

Por Alcadio Oña.- Ya existen indicios firmes, en el sector privado, de que este año la factura energética que deberá afrontar el Estado puede escalar a $ 40.000 millones, casi 9.700 millones de dólares al actual tipo de cambio. Eso saldría costear los subsidios a las tarifas de electricidad de la Capital Federal y el conurbano bonaerense, más el enorme gasto que acarrea sostener una estructura precaria por donde se mire.

Primer indicio: la cuenta Formulación y Ejecución de la Política Energética del Ministerio de Planificación cantaba $ 10.037 millones, al 7 de junio pasado. Segundo: otra partida para el mismo fin, esta vez de las llamadas Obligaciones a Cargo del Tesoro Nacional , decía $ 3.465 millones.

Entre ambas, suman $ 13.502 millones. Y no son las únicas fuentes que Julio De Vido usa para financiar el sistema puesto en marcha durante la era kirchnerista.

Que eso se haya gastado cuando todavía no se ingresó en el invierno revela la magnitud del agujero. En la cuenta de Planificación se ha consumido el 72 % de todo el presupuesto anual, lo cual significa, llanamente, que será necesario inyectar muchísima más plata.

Y no se trata de algo excepcional: entre 2005, cuando arrancó esta política, y 2010, la factura energética creció nada menos que un 1.400 % . En los primeros tres años de gestión de Cristina Kirchner, saltó de $ 8.331 millones a $ 26.022 millones , según cálculos de ASAP, una organización especializada en el análisis de las cuentas públicas. Increíble, pero real.

Cualquiera de estos números será una pálida muestra de la situación, contrastados con los $ 40.000 millones o más que la consultora ACM estima para 2011.

Ese monto casi duplica al de 2010 y deja chico incluso al 1.400 %.

El Gobierno pretende que semejantes gastos son una derivación del crecimiento económico. Lo son, pero por otras razones que le competen de plano. Una, los subsidios tarifarios indiscriminados, que benefician tanto a pobres como a ricos, sobre todo a estos últimos. Otra, la escasez de producción nacional, que fuerza importaciones de una magnitud sin precedentes .

Algunos datos sobre mayo, apuntados por especialistas del sector, prueban el disloque al que se ha llegado.

El uso de gasoil en generación termoeléctrica aumentó 110 %, respecto del mismo mes del año pasado. El de gas licuado que se importa para transformarlo en gas natural, 96 %; un 14 % el del gas traído desde Bolivia y 7 % en fuel oil.

Todo para arriba, salvo el consumo de gas producido en la Argentina, que cayó un 18 % . Justamente, en la creciente falta de gas y petróleo, cruciales en la ecuación energética nacional, está el cuello de botella. Y se lo cubre cada vez más con combustibles, caros y la mayor parte importados.

Ya es récord el empleo del gasoil en la generación, pero aun así no alcanza . Viene gas licuado en cantidades inigualables – GNL, por sus siglas en inglés –, tanto que se ha transformado en la estrella del abastecimiento local, un galardón sólo explicado por la estrechez.

Como si fuese algo para festejar y no la consecuencia de problemas serios, el Gobierno acaba de instalar la segunda planta regasificadora de GNL. Entre las dos, ya representan el primer yacimiento del país: una ironía, en realidad, pues es un yacimiento que se llena a pura importación .

De Vido le pone fichas a este operativo, que al principio iba a ser circunstancial y ahora derivó en permanente. Apuesta a que gracias al gas licuado sea posible pasar el invierno sin grandes cortes a las industrias y preservando siempre el abastecimiento de gas a las familias. Aunque nada esté garantizado por completo, salta evidente que busca evitar sofocones sonoros en medio de la campaña electoral .

Todo de corto plazo, hijo de la necesidad y de los resultados que la política oficial deja a la vista. Derivación contundente: en el primer cuatrimestre del año las importaciones energéticas subieron un 142 % . Pero no por culpa del precio internacional del petróleo, pues medidas en cantidades las compras crecieron 103 %.

Dentro y fuera del área de De Vido, hay cuentas que contrastan con aquel 72 % del presupuesto anual gastado en la Ejecución de la Política Energética: En el plan Más Escuelas, Mejor Educación , sólo fue usado un 13 % .

Para el programa Atención a la Madre y al Niño , la ecuación arroja 36 % .

En el Fortalecimiento del Sistema Público de Salud , el 26 % .

Y en la Lucha contra el Sida , un 23 % .

Apenas cuatro cifras expresan el costo que representa sostener esta política energética. Y todo le pasa por encima a cualquier otra prioridad .

Los $ 40.000 millones que este año podría sumar la factura significan que ni las retenciones al complejo sojero alcanzan para tapar los agujeros del sector. Así éstas le vayan a dejar al Fisco cerca de 32.000 millones.

El Gobierno podrá seguir alegando que son necesidades originadas en el crecimiento económico. Claro que, invertido, el argumento da que cuánto más avance la economía, más dinero habrá que poner .

Además de las sospechas que despierta el manejo discrecional de semejante montaña de recursos públicos, suena a obvio que el sistema K es insostenible . Hay quienes dicen que, finalmente, la Casa Rosada ha tomado nota de que no siempre alcanzará la plata. Como sea, aquí asoma una potente asignatura pendiente para después de las elecciones , con independencia de quien las gane.

iEco