El OPSur entrevistó al periodista y especialista en temas energéticos Marcelo García por los recientes cambios en el mapa petrolero. Cauto sobre el escenario futuro, dio su opinión sobre el presente de la región del Golfo San Jorge, de la cual es oriundo.

– En una entrevista anterior con OPSur, marcabas como punto de inflexión, en el historial petrolero, la hegemonía reciente del capital privado. Con respecto a la entrada de los chinos, ¿consideras que es una continuidad del mismo proceso? ¿Se puede esperar más o menos las mismas prácticas empresarias?

Por ahora no se ve un gran cambio en la estructura de funcionamiento. Uno especularía que los chinos van a tener el mismo ritmo de trabajo y salarios que en su propia nación, lo cual, a priori, en la Argentina sería bastante complicado, y mucho menos en el sector petrolero, en donde los laburantes vienen jugando un papel muy diferente, marcando un ritmo de explotación a las empresas que va contrario a lo que ellas pretenderían. Si está claro el objetivo de abastecerse de petróleo, e inclusive de gas, porque PAE ha dado un salto no cuantitativo pero si cualitativo con respecto a la extracción que les puede ser muy favorable. Esencialmente por los contratos petroleros que accedió PAE en lo que es la explotación de offshore. Cerro Dragón, aunque no es insignificante y ha sido renegociado de forma muy ventajosa para la empresa, parece ser una catapulta para poder llegar a la extracción en la plataforma marítima.

Indudablemente, estamos viendo naciones súper-desarrolladas en la producción o en la elaboración de materias primas, que consumen enormes cantidades de combustibles y tienen que ir abasteciéndose, aunque sea de a puchitos. Esta compra que hicieron en Argentina no deja de ser un puchito, considerando lo que ellos necesitan de energía, pero al mismo tiempo no deja de jugar un cierto papel. Me parece que fue una buena oportunidad de negocios. Porque Argentina no es un productor importante de hidrocarburos, si esa fuese la intención habría otros lugares del mundo mucho más apetecedores, no obstante compraron el yacimiento más grande. No es que por una buena oportunidad de negocios se compran un yacimiento chiquito que aporta 5 barriles por día. Son meros negocios y oportunidades entre las empresas privadas. Como el Estado no ha intervenido en esta operación, este es un gran ausente.

-La aplicación de cambios con respecto a los trabajadores no sería algo brusco entonces.

Están muy complicados al mismo tiempo para aplicar grandes cambios. Si las empresas chinas intentaran aplicar el mismo régimen laboral están muy complicados. Y necesitarían, como mínimo, resucitar a [Julio A.] Roca porque la resistencia del movimiento obrero en la Patagonia es fundamentalmente el petrolero, y es muy grande. Y ha ido sentando mojones, que a las empresas les es muy difícil de pasar, en cuanto a reivindicaciones salariales, a organización.

Cada vez que el movimiento petrolero patagónico sale a las calles sacude las estructuras de la sociedad. La huelga hoy de los docentes no se entiende sin la última huelga de los petroleros. Cada vez que sale a pelear, todo el resto de los sectores, que sabe que está a la rezaga de ellos, que cobran mucho menos, por una conciencia de clase, se ve por un lado obligado y por otro se sienten en condiciones para salir a pelear. Si los petroleros perdieran sería otra la realidad. Eso es interesante para ver, si los chinos aceptan lo que hacen fácilmente allí y acá no pueden.

– Podrías explayarte un poco más sobre las renegociaciones, que en Santa Cruz también se dieron el año pasado.  Teniendo en cuenta la dependencia fiscal que tienen las provincias, ¿hay algún grado de movimiento de esas economías por fuera del crudo?

En cuanto a las renegociaciones las condiciones han sido completamente favorables a las empresas. Chubut ha sido el que ha hecho punta con el tema, pero después lo han seguido varios. A cambio de muy poco, con escasos niveles de inversión que podían, en su momento, garantizar supuestamente los puestos de trabajo y demás; pero sobre una base que no se discute: la garantización de la explotación y, al mismo tiempo, de la superproducción de los recursos naturales. Fuentes laborales a cambio de qué: del saqueo y mucha explotación laboral, eso es lo que han buscado los estados provinciales, por eso para ellos el ingreso de regalías es central. Tienen más de la mitad de sus presupuestos provinciales atados a las regalías petroleras. Eso al mismo tiempo garantiza el funcionamiento del estado en general. En Chubut, los últimos datos que yo tengo es que podían pagar casi la totalidad de los sueldos de los empleados públicos gracias a las regalías, después el resto es sabido que se invierte bastante poco, la educación es un desastre, la salud se cae a pedazos.

Y, además, con una garantía en tiempo extremadamente larga, no creo que a nadie se le garantice un empleo por 40 años. Uno de los grandes argumentos de los gobernadores era que iba a haber trabajo por 40 años, pero en ningún lado está firmado qué va a ser ese trabajo por 40 años. Las condiciones han sido muy favorables para las empresas, un salto de calidad con respecto al saqueo.

El estado nacional avaló y fue parte de estas renegociaciones, de hecho estuvo siempre presente el ministro Julio De Vido. Los beneficios están ligados a las retenciones a las exportaciones. Como desde la cuenca del Golfo San Jorge se exporta casi la totalidad de crudo que sale de la Argentina recibe alguna suma en ese concepto. Después para los estados nada más, algo con el tema de impuesto a las ganancias. Luego sí mucho saqueo y mucha contaminación.

Igualmente es un momento muy convulsionado, de muchos movimientos de piezas, de reclamos, despelotes laborales y sociales en la región, lo que menos se van a ver en superficie son los cambios. Seguramente deben estar muy sorprendidos los chinos, preguntándose: “¿Dónde nos metimos? En China esto no pasa. No hay docentes cortando los ingresos a los yacimientos, no hay petroleros haciendo asambleas y echando a sus dirigentes sindicales”. Una realidad muy distinta a la que se vive en China con respecto a cualquier represión de la protesta social.