Por Demián Alejandro García Orfanó
Licenciado en Economía

En la actualidad, está más presente que nunca la “cuestión ambiental”. Desde el Protocolo de Kyoto, pasando por la reciente Cumbre de Copenhague, hasta las legislaciones nacionales, los debates académicos, la triste constatación cotidiana del deterioro ambiental, con sus consecuencias en la salud de los que habitamos este planeta… Son muchos los cotidianos recordatorios de los efectos de las actividades humanas sobre el medio ambiente.

En un enfoque muy difundido en ámbitos académicos, el concepto de la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) parece un elemento central para el cambio en nuestra forma de relacionarnos -como especie- con el medio ambiente.

Antes de la revolución industrial y de la colonización de prácticamente todo el globo, los efectos de las actividades humanas solían limitarse a los ecosistemas en que estaban inmersas. Las mayores transformaciones podrían atribuirse a la misma naturaleza, sin ser significativa la acción humana.

En nuestra época esto es diferente, y nos hallamos contemplando y tomando conciencia que estos efectos no se encuentran acotados a ciertos ecosistemas, sino que a su vez éstos repercuten sobre los otros perceptiblemente. Por un lado, debido a que son tan grandes los impactos ambientales generados que la capacidad del medio de procesarlos, neutralizarlos, dentro de sus límites geográficos, se ve sobrepasada. Asimismo, los distintos sistemas biológicos-físicos del globo se encuentran bajo una interrelación (a veces sutil), que parecería ser que nuestra especie recién llega a admirarla en todo su dramatismo al haber conseguido generar graves modificaciones en esas relaciones, y poseer la capacidad científica (aunque toda vía no la madurez cultural) de comprenderla (1).

Esta situación es consecuencia del proceso mediante el cual la humanidad se reproduce como especie, en este momento histórico, bajo una forma de organización de su producción determinada que puede en general catalogarse como capitalismo. Este sistema ha expandido las posibilidades productivas de la humanidad en una escala jamás vista.

Esto no implica negar que existan diferentes particularidades en cada región geográfica, país, etc. O que la acción de la naturaleza no sea también relevante. Es este un proceso de producción a nivel mundial, no hay población en región del globo que no esté formando parte de la producción de bienes y servicios para otro grupo de humanos en otro punto del planeta… O recibiendo presiones para que así sea, ya sea a partir de la limitación geográfica y la apropiación de recursos, por parte de empresas o Estados. Ese es el proceso que lleva varios cientos de años y es la expresión de la expansión del capitalismo desde Europa hacia otras partes del mundo.

De esta forma, se plantea la necesidad de encarar un problema que es social, el cual requiere grandes modificaciones en los procesos productivos a nivel mundial, en los hábitos de consumo también, y afecta a todas las sociedades, involucrando a toda la humanidad. Es un drama urgente, debido a que el tiempo que transcurre sin que se solucione genera consecuencias irreversibles.

Entre las empresas, que son las que llevan adelante la producción en todo el mundo, se encuentra muy difundido el uso de políticas internas de la misma, que reconocen la Responsabilidad de la Empresa en múltiples aspectos de la sociedad, y la necesidad de actuar en consonancia con dicha responsabilidad. La cuestión de la relación entre la empresa y el ambiente también es tomada como parte de las incumbencias de la organización, y se inserta en la política general de la misma.

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Nota
1 En muchas culturas con miles de años de antigüedad existe la noción, la sensación, del hombre como una parte más integrante de este planeta, cuya vida debe respetar porque brinda los frutos que le permiten vivir. Hoy día esas visiones son contempladas como algo exótico. La visión reduccionista y mecanicista de la ciencia no ha colaborado con la percepción de la Tierra como un sistema holístico. Ha habido algunos intentos en esa comprensión, pero todavía no logra imponerse en la práctica como un discurso hegemónico.

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