Es la primera vez que una petrolera formaliza la intención de comercializar el petróleo hallado en aguas que rodean a las islas disputadas por la Argentina y el Reino Unido internacionalmente

Ana Gerschenson | Cronista.com

La empresa británica Rockhopper anunció ayer que evalúa alternativas para extraer el petróleo encontrado en uno de los pozos situados en las aguas que rodean a las Islas Malvinas, perforados desde el año pasado sin la autorización del gobierno argentino.

Sam Moody, CEO de la compañía inglesa, adelantó que el escenario más probable involucra a una FPSO, esto es una plataforma de producción flotante con almacenamiento y descarga, aunque no se descarta directamente utilizar una plataforma de almacenamiento y carga directa a buques que transporten los hidrocarburos malvinenses.

Esta es la primera vez que una petrolera formaliza sus intenciones de comercializar el petróleo hallado en aguas que rodean a las islas disputadas por la Argentina y el Reino Unido internacionalmente.

Los habitantes del archipiélago, con la anuencia del gobierno londinense, licitaron áreas de exploración desde 1996, sin embargo, Rockhopper fue la primera y única empresa que anunció hasta ahora el hallazgo de una reserva petrolera “comercialmente viable” en uno de sus pozos, bautizado como Sea Lion. De hecho, en un informe difundido en Londres el viernes pasado, la petrolera aseguró que según las últimas pruebas el pozo “fluye una tasa estable de 5.508 barriles diarios, con máximos de 9.036”, aunque también aclaró que sólo se mantuvo ese caudal durante 48 horas.

El director de Rockhopper fue ayer aún más optimista. Pierre Jungels afirmó que luego del descubrimiento de Sea Lion, el próximo pozo se perforará al oeste siguiendo los estudios de prospección, y que en caso, de ser exitoso se espera estar frente a la posibilidad de extraer “como mínimo 155 millones de barriles recuperables”.

El gobierno argentino ha protestado por la actividad de los consorcios internacionales que operan en Malvinas desde el año pasado en busca de recursos naturales que están en disputa. Pero no sólo ha recibido una respuesta áspera por parte de la administración kelper, sino que a partir del descubrimiento concreto de Rockhopper, el gobierno inglés ha endurecido su postura y ha expresado el respaldo contundente a la exploración y explotación petrolera en las islas.

La Argentina, por su parte, ha conseguido el apoyo diplomático al reclamo de soberanía de Malvinas por parte de los países de América latina y también de Estados Unidos, en el marco de la última declaración de la Organización de Estados Americanos. Incluso, esta semana China reiteró su solidaridad a la Argentina en esta disputa.

El Reino Unido desoye desde 1965 la resolución de las Naciones Unidas para sentarse a conversar con la Argentina y encontrar una fórmula de resolución al conflicto. Y si la guerra ocurrida en 1982 alejó a ambos países del diálogo bilateral, el hallazgo petrolero ha endurecido posiciones de uno y otro lado del Atlántico.

Hace apenas unas semanas, el primer ministro David Cameron, afirmó ante el Parlamento londinense que las islas seguirían siendo británicas: “y punto final, fin de la historia”, dijo Cameron. Palabras que la Presidente Cristina Kirchner calificó como “un gesto de mediocridad y estupidez”.

Pero mientras van y vienen las sentencias y los adjetivos calificativos, en Malvinas avanza indefectiblemente el montaje de la industria de exploración y ahora explotación de los recursos no renovables reclamados por la Argentina. No han surtido efecto ni las cartas de advertencia enviadas por la Cancillería a las compañías involucradas ni las presentaciones internacionales. Negocios son negocios.

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