Desabastecimientos temporarios provocan una corrida sobre las estaciones aunque no sea necesaria la carga. Las características de ese mercado tan particular, cuya inestabilidad es un potente generador de malhumor social, requieren de los funcionarios responsables una intervención más activa en su explicación, ampliando la única manifestación de que habrá una pronta normalización

Por Alfredo Zaiat | Página/12

Aumento del parque automotor. Crecimiento vigoroso de la industria y del agro. Más movimiento turístico. Menos estaciones de servicio. Merma en la producción de petróleo. Estancamiento en la capacidad de las refinerías. Todas éstas son causas estructurales, a las que se les sumaron algunas de coyuntura, para definir un escenario de tensión en el abastecimiento de combustibles. Las esperas prolongadas en consultorios médicos, en dependencias públicas y privadas, para trámites varios e incluso para el ingreso a salas de espectáculos, provocan un malestar resignado.

En cambio, la fila para cargar el tanque del auto o el deambular por estaciones en busca de una con existencia de nafta provoca un estado de ansiedad en el dueño de la unidad que merece un tratamiento especial. Es un mercado muy sensible. Ese nerviosismo es uno de los principales motivos para que esta actividad sea mucha más vulnerable que otras frente a estados de zozobra para la generación de una psicosis social por el temor a mangueras cruzadas sobre el surtidor. Desabastecimientos temporarios provocan una corrida sobre las estaciones aunque no sea necesaria la carga. Las características de ese mercado tan particular, cuya inestabilidad es un potente generador de malhumor social, requieren de los funcionarios responsables una intervención más activa en su explicación, ampliando la única manifestación de que habrá una pronta normalización.

Existe un evidente problema de desajuste entre oferta y demanda. Se observa en forma nítida en el último eslabón de la cadena de los combustibles, conformado por el crecimiento del parque automotor y la disminución en la cantidad de estaciones de servicio. En el otro extremo, retrocede la producción de petróleo y el área de refinería casi no se expande porque no hay mucho más crudo disponible, además de que implica inversiones millonarias que el sector privado no está dispuesto a realizar. Para la comprensión de la dinámica del mercado de combustible, que subida a la tendencia positiva de las actividades involucradas adelanta permanentes períodos críticos, resulta imprescindible precisar los rasgos de cada uno de los diferentes factores participantes. Con un diagnóstico más detallado es más sencillo entender situaciones problemáticas y, en especial, poder demandar políticas eficaces.

Parque automotor

1. El ritmo de las ventas en las concesionarias a partir de la segunda mitad de la década pasada hizo crecer el parque en un 50 por ciento.

2. A fines de 2004, había 6,3 millones de autos, camionetas, colectivos y camiones en la calle. Ahora son 9,4 millones.

3. A pesar de este importante flujo de nuevos autos, la edad promedio de toda la flota es de 19,5 años, lo que implica menos eficiencia en el consumo.

4. En cuanto a la distribución regional, los patentamientos en el interior del país registraron un fuerte crecimiento en este año, superando ampliamente a los de la ciudad de Buenos Aires. Estos últimos crecieron 17,7 por ciento en el primer semestre, contra 67,1 de Tierra del Fuego, 51,1 de Corrientes, 46,2 de Catamarca, 44,5 de Entre Ríos, 44,4 de San Luis y 43,9 de La Pampa y Misiones. En el interior de la provincia de Buenos Aires la suba fue del 34,4 por ciento; en Santa Fe, del 39,0, y en Córdoba, del 29,7.

Muchos más autos en circulación demandan más combustibles y si además el boom de compra de unidades se expandió al interior, el problema de abastecimiento en algunas zonas que antes no registraban dificultades se vuelve más crítico.

Estaciones de servicio

5. La cantidad de estaciones de servicio cayó 28,6 por ciento en los últimos diez años, de 6157 bocas de expendio en 2001 a 4399 a fines de 2010.

6. En los últimos diez años, por ejemplo, la cantidad de surtidores en Santa Fe registró una caída del 45,0 por ciento; en Buenos Aires, del 37,5 por ciento, y en Capital Federal, del 35,3 por ciento.

7. Esta brusca caída se explica principalmente por el boom inmobiliario que llevó a cientos de dueños de estaciones de servicio a vender terrenos codiciados que luego se convirtieron en edificios.

8. En diciembre de 2010 había 4399 estaciones de servicio en Argentina, 3422 de bandera y 977 blancas. La distribución según las marcas era la siguiente:

– YPF, 1433.

– Shell, 676.

– Petrobras, 572.

– Esso, 476.

n Otras marcas (Sol Petróleo, Refinor, Aspro, Rhasa, Agira, Camuzzi, Dapsa), 265.

9. Entre 15 y 20 por ciento de las estaciones de bandera son propiedad de las refinadoras (YPF, Shell, Esso y Petrobras) y el resto son franquicias.

Muchas menos estaciones de servicios con muchos más autos en circulación provocan situaciones críticas de abastecimiento en momentos clave del año, donde se incrementa la demanda, como en fines de semana largo y las fiestas, que movilizan a cientos de automóviles en todo el país. También en períodos de vacaciones de invierno, de verano o en eventos internacionales, como la Copa América.

Producción de petróleo

10. En 1994, la producción de petróleo fue de 38,7 millones de metros cúbicos, alcanzando su máximo en 1999, con 46,5 millones. Desde entonces, se inició un proceso de retroceso, hasta contabilizar en 2010 una producción de 35,3 millones de metros cúbicos.

11. Durante la década del noventa, el manejo del petróleo pasó al capital privado, casi todo extranjero, cuyo único objetivo fue obtener la mayor ganancia en el menor tiempo posible. Esa estrategia extractiva con escasas inversiones en exploración implicó una disminución del 24 por ciento en la producción.

12. En los últimos años, por el alza del precio internacional del crudo y por presión gubernamental, se observa un aumento del 55 por ciento de los pozos en extracción efectiva y un incremento del 40 por ciento en la cantidad de agua inyectada por metro cúbico de petróleo producido.

13. Sin embargo, a pesar de estas mayores inversiones en recuperación secundaria y en perforación de pozos productores, la producción media diaria por pozo cayó un 51 por ciento, pasando de 9,2 a 4,5 metros cúbicos por pozo, valores típicos de yacimientos muy maduros.

14. Las inversiones no alcanzaron a compensar esa caída natural de la productividad de los pozos.

Menos producción de petróleo en una economía con un crecimiento vigoroso a una tasa del 7 al 8 por ciento anual, que incrementa la demanda de combustibles de la industria y del agro en época de cosecha, conduce a un escenario de tensión en la actividad económica.

Refinería

15. En las refinerías, el petróleo se transforma en una amplia gama de productos, tanto combustibles como bases para la industria petroquímica.

16. La actividad de refinación se ha convertido en el cuello de botella del mercado petrolero a nivel mundial. La capacidad de transformación del petróleo está ahora en niveles de la década del ochenta, con las instalaciones funcionando al ciento por ciento.

17. En Argentina, Repsol YPF cuenta con tres refinerías: La Plata, Luján de Cuyo (Mendoza) y Plaza Huincul (Neuquén). La primera elabora más de un centenar de productos para el transporte e industria. Recibe petróleo por oleoducto y por barco desde las cuencas Golfo San Jorge y Neuquina. Procesa diariamente 29.000 m3/día de petróleo crudo. En Luján de Cuyo procesa hasta 18.000 m3/día de crudo del sur de Mendoza y norte de Neuquén, mientras que Plaza Huincul –ubicada en el corazón de la cuenca neuquina– llega a procesar hasta 4700 m3/día de petróleo.

18. Shell tiene una refinería en Buenos Aires con una capacidad de 18.000 m3/día.

Esso posee una en Campana; Oil, una en San Lorenzo, y Refinor, una en Campo Durán.

19. En total, operan ocho grandes refinerías con una capacidad de 99.800 m3/día.

Las refinerías se encuentran en su máxima utilización para abastecer un mercado en expansión, que se desarrolla con producción de petróleo en una tendencia declinante. Cualquier alteración en su funcionamiento, ya sea por obligadas paradas técnicas de mantenimiento o conflictos sindicales con bloqueos de plantas por reclamos salariales como los registrados en la primera mitad de este año, provoca menores despachos a plaza agudizando el problema de abastecimiento.

Los motivos estructurales y de coyuntura que terminaron diseñando el actual escenario de tensión en el mercado de combustibles permiten comprenderlo para poder actuar sobre la emergencia, pero reconoce una razón de origen: la privatización de un recurso estratégico no renovable. Gran parte de la extraordinaria renta del petróleo y el gas sigue siendo absorbida por compañías privadas, lo que plantea un horizonte inquietante a medida que se agoten las reservas. El costo de importar petróleo crudo para alimentar la actividad económica consumiría una alta proporción de fondos y aumentaría los costos internos afectando el dinamismo de la economía. La intervención estatal en el manejo de las reservas y del mercado de hidrocarburos, en la búsqueda de un estadio superior al actual modelo “mixto”, brindaría la posibilidad que la renta petrolera se reinvierta para mantener una provisión de combustibles sustentable para el crecimiento sostenido de la economía.

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