En 2011, las inversiones hidrocarburíferas superarán los 1.500 millones de dólares, más de un 70% por encima de los 876 millones invertidos en 2010. Si se agregan los gastos operativos, la inyección de las operadoras a la economía provincial rondará los 3.000 millones de dólares. Cómo se insertó Neuquén en el modelo hidrocarburífero mixto de la post convertibilidad

Por Claudio Scaletta

Algunas cosas parecen cambiar en la provincia. Cuando se habla con los empleados de algunas operadoras, describen un escenario de mayor demanda de empleo, con trabajadores que quedaron fuera en reestructuraciones recientes y vuelven a ser convocados. Lo mismo sucede con las proveedoras de servicios, que ya están preocupadas por la escasez de equipos en la cuenca y por las nuevas necesidades de importación que surgirán de los yacimientos no convencionales.

Los pronósticos oficiales son más optimistas que los empresarios. A las promesas se suman los datos concretos. Las empresas habían declarado inversiones por 1.170 millones de dólares para todo el 2011. Fuentes oficiales confirmaron a E&E que el número superará holgadamente los 1.500 millones. Se trata de inversiones de capital, las llamadas Capex (Capital Expenditures). Para tener una idea del efecto multiplicador en la actividad económica regional deben sumarse los gastos operativos, mal llamados “inversiones” Opex, los que, se calcula, representarán un volumen similar a las Capex. En consecuencia, la inyección de fondos de las operadoras en la economía provincial rondará los 3.000 millones de dólares.

No tan divino

En sus discursos, el gobernador Jorge Sapag suele hacer referencias a la riqueza brindada por “dios” a la provincia. La realidad es un poco menos mística. Sin dudas, la riqueza geológica es un dato. Por tradición histórica, los neuquinos desconfiaron de los primeros informes oficiales, que hablaban de recursos de gas no convencional por 257,5 TCF (trillones de pies cúbicos) en las formaciones Los Molles y Vaca Muerta, un número adelantado por E&E el 17 de octubre de 2010. La realidad se volvió un poco más creíble cuando los números fueron confirmados por un organismo extranjero. El 17 de abril pasado, E&E informó que de acuerdo a una investigación encargada por el Departamento de Energía de Estados Unidos (Doe), Argentina ocupa el tercer lugar mundial en recursos de gas no convencional. Según el Doe, el país contaría con 774 TCF, de los que 407 corresponden a la cuenca Neuquina; 167 en la formación Los Molles, donde perforó Apache el primer pozo horizontal de fisuras múltiples de Latinoamérica (presentado esta semana) y donde pronto realizará otras 10 perforaciones, y 240 en Vaca Muerta, donde se encuentra Loma La Lata. El cálculo práctico a nivel internacional para pasar de recursos no desarrollados a reservas comprobadas es aplicar una tasa de conversión del 15%, con lo que Neuquén podría llegar a reservas por 60 TCF o más. Loma La Lata, en su estado original, tenía reservas por algo menos de 10 TCF.

Sin embargo, no se pasa de recursos a reservas solamente aplicando una tasa de conversión: para hacerlo es necesario invertir y perforar.

Modelo mixto

Es en este punto donde comienzan a cobrar importancia los “incentivos” al sector privado, lo que remite a los reclamos empresarios y obliga a un breve repaso de panorama.

Las políticas de los años 90 en materia de hidrocarburos dieron lugar a la sobreexplotación de los yacimientos en paralelo a la baja inversión en exploración para la reposición de reservas. La privatización y extranjerización de YPF, junto a la desregulación del mercado local, permitieron absurdos como que los consumidores españoles pagaran menos los combustibles extraídos en Argentina que los locales.

En el presente, el resultado de aquellas políticas es la caída tanto de la producción como de las reservas. Neuquén, una provincia hidrocarburífera donde se extrae la mitad del gas del país y un cuarto del petróleo, padeció especialmente esta situación.

En este marco, la actual administración nacional introdujo algunos cambios en la situación heredada:

• Uno de ellos fue la estructura de subsidios como una de las formas del reparto de la renta petrolera. Esta estructura presenta hoy algunas distorsiones evidentes que agradecen los habitantes de barrios cerrados y residenciales, entre otros (extrañamente) beneficiados.

• Otra fue la provincialización de los recursos (la famosa Ley Corta) que habilitó, por ejemplo, la renegociación de contratos y la disponibilidad de nuevas áreas, como las que dispuso Gas y Petróleo del Neuquén.

• El tercer elemento fue la aplicación de retenciones primero fijas y luego móviles, que no sólo permitieron que el Estado, en este caso nacional, participara de la renta petrolera, sino los efectos desastrosos que habrían tenido en la economía local las oscilaciones especulativas de los precios internacionales de los combustibles.

• El cuarto punto, clave a futuro, fueron los programas petróleo y gas plus, desarrollados por  presión del gobierno neuquino. Estos programas incentivan la exploración, no sólo en recursos no convencionales, al otorgar un precio mayor, cercano al internacional, a los recursos “nuevos” y son los que habilitaron la ecuación de precios a las explotaciones no convencionales. A nivel nacional existen más de 70 proyectos de gas plus, de los que 53 ya tienen resolución de la Secretaría de Energía, aunque, según fuentes de la propia secretaría sólo un 25% de los proyectos están en ejecución, lo que indica, visto por el lado positivo, que los programas tienen todavía un importante espacio de desarrollo.

Los cuatro puntos reseñados permiten calificar al actual modelo hidrocarburífero como “mixto” versus los tiempos de la YPF estatal y la desregulación indiscriminada de los ’90.

Inserción neuquina

En este modelo mixto, las provincias están atadas a la suerte de las empresas en los precios recibidos. Cuando mayor es el promedio recibido por el gas y petróleo en boca de pozo, mayores serán las regalías. De la misma manera, están atadas a la evolución del nivel de actividad, lo que explica el acompañamiento del gobierno provincial a los reclamos por mayores precios, que, se supone, son un componente clave para incentivar la exploración.
Es en este escenario donde aparece el dato “nuevo” de la posibilidad de la explotación de los recursos no convencionales que comienzan a revertir la caída de las reservas, escenario que vuelve a colocar a la provincia en la posibilidad de abastecer el mercado nacional sustituyendo importaciones presentes y futuras.

Pero Neuquén no se limitó a la demanda por mayores precios, sino que aprovechó la Ley Corta para renegociar contratos y conseguir, además de los pagos iniciales, mayores regalías. Luego, lo que quizá fue aun más importante, creo Gas y Petróleo del Neuquén, la empresa provincial con la que trabaja asociada a las operadoras en las nuevas áreas y con la que participa de entre el 10 y el 20% de la extracción. Adicionalmente, explota con éxito algunas áreas junto a Enarsa, con la que, en dos semanas, comenzará a vender su propio petróleo. Sin dudas, quienes recuerden con nostalgia el modelo de la YPF estatal pensarán que lo conseguido es poco. No obstante, se trata de un camino posible dadas las actuales reglas de juego del “modelo mixto”.

Hipercrítica sin autocrítica

El principal problema que presenta hoy el “modelo mixto” no es menor. El resultado acumulado de las políticas energéticas aplicadas desde la desregulación de los ’90 al presente fue la pérdida del autoabastecimiento y, en consecuencia, la importación a mayor precio de lo que, bajo ciertas circunstancias, podría producirse internamente a un precio probablemente menor, el gran desafío para una provincia como Neuquén.

Aunque es posible todavía escudarse en las políticas de los ’90 para explicar el presente, también es tiempo de políticas consistentes que trabajen para revertir la situación.

Un reciente documento de “ex secretarios de energía”, muchos de ellos responsables de las políticas de desregulación, propone orientar la acción del Estado para que las empresas reciban los precios más cercanos posibles a los internacionales y que no les toque pagar indirectamente ningún subsidio, como sucede hoy, por ejemplo, con los precios recibidos por el gas destinado a  consumo domiciliario. La propuesta de los ex funcionarios es acorde a la actual estructura de propiedad del sector hidrocarburífero y consistente en sus propios términos, pero el documento evita rememorar que estas propuestas de desregulación, junto a las promesas de inversiones prometidas, ya se ensayaron con consecuencias conocidas. Se trata así de una hipercrítica sin autocrítica.

La Mañana Neuquén