La demanda de este mineral aún no ha despegado

Por Florencia Donovan.-Tal como sucedió con la fiebre del oro a comienzos del SXIX en Estados Unidos, cuando cientos de colonos norteamericanos llegaban al lejano Oeste en búsqueda del metal precioso que los volvería ricos de un día para el otro, muchos se ilusionaron con que la Puna argentina encontrarían en el litio la fuente de riqueza del nuevo milenio. La demanda de litio para las baterías de los autos eléctricos -que muy pronto podrían reemplazar a los contaminantes autos a nafta y diesel- le daba a este metal, según el imaginario, un potencial comparable al del petróleo.

Sin embargo, todavía la mayoría de las compañías mineras que vinieron a la Argentina no comenzaron a producir -lleva unos cinco años entre que se inician las exploraciones hasta que se extrae el litio- que ya la realidad hizo mella en el sueño. Ni el litio pareciera ser el próximo petróleo ni la Puna tiene un tesoro tan exclusivo. Es más, los involucrados en el sector minero están advirtiendo que la fantasía generada en torno al metal, que atrajo no sólo a oportunistas privados sino también a políticos codiciosos, está poniendo en riesgo el negocio.

“El resto del mundo podría vivir sin nuestro litio”, subraya Walter Pérez, presidente de Minera Exar, una de las empresas que tiene yacimientos probados y que espera comenzar a producir en el Salar de Cauchari unas 15.000 toneladas anuales para 2014. “Los países que tenemos la suerte de tener salmuera tenemos la capacidad de producir litio a un costo menor. Si lo aumentamos a través de situaciones indeseadas, o impositivas, serán otros los que lo produzcan, porque perderemos nuestra calidad competitiva”, deslizó durante el Seminario Internacional Litio en Sudamérica, organizado por la revista especializada Panorma Minero.

En rigor, el litio puede extraerse de salares (salmuera), de rocas y hasta del mar. Pero, el costo es creciente en este orden, siendo el mar hoy una fuente económicamente inviable, considerando que la tonelada de carbonato de litio en el mercado se paga unos US$ 6000.

Durante el encuentro que duró dos días y se desarrolló en Salta y Jujuy, con referentes de Chile, Australia, Bolivia, Canadá y Estados Unidos, los expositores buscaron revertir la fantasía generada en torno a la futura “Arabia Saudita de América latina”, e hicieron sobre todo referencia a las nuevas medidas implementadas por el gobierno jujeño de Walter Barrionuevo a comienzos de año, y de las que todavía hoy no se conoce el alcance. La administración justicialista declaró al litio “recurso natural estratégico”, estableció la creación de un comité de expertos para el análisis integral de los proyectos de litio (del que todavía no se terminaron de designar sus miembros) y creó una sociedad provincial para la exploración y explotación minera, Jujuy Energía y Minería Sociedad del Estado.

“Tal vez haya que hacer un mea culpa desde las mineras en la comunicación con la comunidad. Elevamos las expectativas porque le hablamos a la gente de la comunidad como si estuviéramos frente a los inversores de la Bolsa”, reconoció José De Castro, gerente general de Sales de Jujuy, subsidiaria de la australiana Orocobre, con un proyecto que abarca parte de los salares de Olaroz y Cauchari. “El litio va a distribuir mejor la riqueza, pero tampoco es que nos vamos a salvar todos”.

Lo cierto es que, a nivel mundial, el negocio de carbonato de litio es de apenas US$ 650 millones, una cifra comparable con la exportación de girasol de la Argentina. Chile es responsable de 30% del negocio, mientras que Catamarca, con una sólo yacimiento, tiene el otro 10%. Pero también es fuerte Australia y existen en este momento más de 90 proyectos más en marcha, entre los que se incluyen algunos en China y Estados Unidos. Hoy el mundo demanda 150.000 toneladas anuales de carbonato de litio y, de acuerdo con un estudio de Signum Box, una consultora chilena especializada, en un escenario relativamente optimista en el que los autos eléctricos penetren fuerte en el mercado, podría llegar a poco más de 450.000 en 2025. Pero ya hoy las mineras en operación, sobre todo las chilenas, que tienen capacidad de producción ociosa, están aumentando su producción y, sumados los nuevos proyectos, no pareciera haber un problema de escasez para satisfacer la potencial demanda.

“Si otros países con proyectos logran a producir primero, acá quedamos afuera. Esto es una carrera no hay lugar para todos”, admitió Pérez. “Esto no es oro o cobre. Es un negocio chico a nivel mundial y que además es complejo; el litio no tiene todo la misma calidad y forma además parte de una cadena de distribución muy difícil. Si el negocio automotriz no despega, no necesitamos más producción”, explicó a LA NACION James Calaway, presidente y dueño de Orocobre. “Por otro lado, las automotrices buscan proveedores confiables, si nosotros no lo somos, alguien más ocupará el lugar”.

En la actulaidad, el litio se usa para producir las baterías de celulares y tablets (en un 23%), vidrio (28%), lubricantes (9%), y en menor medida, para aires acondicionados, metalúrgica y medicina. Sólo 6% de la demanda actual se canaliza en baterías para autos y vehículos de dos ruedas.

El metal representa a su vez apenas el 2% de una batería de un auto. De ahí, que según Daniela Desormeaux, de Signum Box, hay que echar por tierra la idea de que el país que extrae el litio puede producir también las baterías, tal como deslizó por ejemplo durante el encuentro el secretario de minería de Jujuy, Martín Sánchez Iturbe, que habló de “la necesidad de que el litio tenga un valor agregado en la provincia”. En el caso de la Argentina, por ejemplo, ese otro 80% de los componentes de una batería debería importarse. “Chile tiene más de 30 años de explotación en litio y nunca pensó en baterías”, reafirmó Facundo Huidobro, presidente de la Cámara Minera de Salta.

Y, asimismo, siempre está la amenaza de que el mundo desarrolle algún otra fuente de energía limpia alternativa o una batería con otros componentes.

El tiempo, parece clave. Por ahora, y aunque la promesa de riqueza ya no sea tan esplendorosa, el negocio está.

La Nación