En julio, cuando la ola de frío obligó a cortar el suministro a unas 300 industrias y cuando ya estaba en funcionamiento el promocionado gasoducto internacional Juana Azurduy (GIJA), la Argentina recibió de Bolivia menos gas por día que en el caluroso febrero.

En efecto, según la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), durante julio se exportaron a nuestro país 7,62 millones de metros cúbicos diarios (mcd) de gas natural, bajo el marco del acuerdo con la estatal argentina Enarsa. En febrero habían sido 7,7 millones.

Además de las condiciones climáticas, la gran diferencia es que en julio ya estaba en marcha el nuevo gasoducto de 30 pulgadas, cuya construcción demandó una inversión de 173 millones de pesos. El 30 de junio pasado, en un acto que se transmitió por cadena nacional y contó con la presencia del mandatario boliviano, Evo Morales, la presidenta Cristina Kirchner prometió: “Son 48 kilómetros [de gasoducto] que van ya a inyectar a partir de hoy 7 millones y medio de metros cúbicos por día de gas”. Al día siguiente, por ese caño pasó algo menos de un millón de mcd.

Durante los primeros días todavía se siguió usando el viejo gasoducto de 24 pulgadas Pocitos-Campo Durán para mandar parte del fluido contratado por la Argentina. La inyección en el GIJA fue creciendo hasta llegar a 7,1 millones el 12 de julio, cuando el otro gasoducto pasó a ser una especie de back-up por cualquier eventualidad del caño principal.

Según voceros del Ministerio de Planificación, “Bolivia está mandando lo que está acordado, que es de 7,7 a 11,3 millones este año y desde 11,6 millones a partir del año próximo”. Entre el 26 y el 30 de julio, Bolivia envió más de 10 millones de mcd (el pico fue 10,69 millones). Pero aun con esos picos -que según Planificación se repitieron el 4 y 5 de este mes- en julio el promedio diario (7,62 millones) se mantuvo por debajo de lo estipulado en el convenio YPFB-Enarsa. Ese promedio se ubicó sólo medio millón de mcd por encima del de junio, el último mes antes de la inauguración del ducto.

Ocurre que más allá de los picos de 10 millones, hubo muchos días que se importaron sólo 7 millones, o incluso menos. El 9 de julio, ingresó sólo medio millón de metros cúbicos entre los dos gasoductos.

“Cuando Bolivia tiene mayor disponibilidad, por el GIJA llegan a entrar 10,5 millones de metros cúbicos. Pero dependemos de la producción en los yacimientos bolivianos”, explicaron fuentes del sector gasífero argentino, que destacaron que -más allá de que siga ingresando la misma cantidad que antes- “operativamente es muy bueno que esté en funcionamiento el GIJA, que es un caño con mayor seguridad y mayor margen para cuando tienen que ingresar volúmenes superiores”.

Lo que queda

El ex secretario de Energía Daniel Montamat añadió otro condicionante que reduce los envíos: “Sólo nos dan algo más cuando Brasil reduce la compra. Si en algún momento necesita menos, entonces liberan algo más para la Argentina”, explicó. Bolivia le envía a Brasil unos 28 millones de mcd y tiene un consumo interno de algo menos que 10 millones. El resto de su producción es lo que queda para la Argentina.

Lo que sí cambió en julio fue el precio que la Argentina paga a Bolivia. Desde ese mes y hasta fin de septiembre el costo es de 10,20 dólares el millón de BTU (unos 2,9 millones de dólares diarios). Eso es un 16% más que lo que se pagaba en junio y un 34% más de lo que se pagaba durante el primer trimestre (y 300% más de lo que se paga a los productores locales de gas). La Argentina pagó casi 400 millones de dólares por el gas importado en el primer semestre.

Los beneficios del GIJA, prometen en el Gobierno, serán más visibles cuando se empiece a incrementar la cuota de gas que envía Bolivia, un cronograma progresivo que llega hasta los 27,7 millones en 2021, según el acuerdo firmado hace un año y medio. En realidad, ésa fue una adenda al convenio original firmado por Evo Morales y Néstor Kirchner en 2006, que preveía que ya para 2010 la Argentina importara los casi 28 millones de mcd de gas, que deberían ser destinados al gasoducto del noreste (GNEA), pero las obras todavía no comenzaron.

La Nación