Por Marc Gavaldà /Alerta Amazónica (1).- El pasado 23 de agosto en Lima el Congreso peruano aprobó la histórica Ley de Consulta que obliga a una amplia y seria consulta a los pueblos indígenas antes de concesionar cualquier territorio a compañías extractivas. Esta anhelada norma pondría fin a una larga historia de malinterpretaciones, engaños y manejos en las “Consultas” que hasta ahora han realizado las compañías petroleras entre los pueblos amazónicos. Analizar los procesos consultivos que han habido hasta el momento, caracterizados por débiles sustentos en cuanto a información, participación y cumplimiento, arrojaría al Viceministerio de Interculturalidad – organismo fiscalizador del cumplimiento de la ley entrante – grandes pruebas de su validez y vigencia.

Sea como sea, en la Amazonía del Perú, existen lotes operativos que permiten a empresas como Repsol, Pluspetrol o Perenco, exportar gas y petróleo con un proceso de consentimiento débil de las comunidades que albergan tan lucrantes reservas. ¿Cómo se habían hasta el momento articulado los mecanismos de aceptación a las actividades hidrocarburíferas que invaden sus territorios? ¿Cómo afectan las compensaciones y ofertas de trabajo en la vida comunitaria? ¿ Qué futuro aguarda a los pueblos afectados?

Con estas y otras preguntas, ingresamos en julio de 2011 al lote 57 operado por Repsol-YPF desde hace 5 años. Este lote afecta comunidades matsiguengas, yines, amahuacas y kakintes, entre los ríos Urubamba y Tambo. Éstos últimos, aislados en la serranía a dos días de camino al primer puerto, lograron visibilizar recientemente su rechazo a las últimas maniobras de Repsol en sus territorios. (2)

Repsol en Nuevo Mundo

Pareciera que Repsol YPF logró comprar cada una de las voluntades en las personas más directamente afectadas por la privatización de tierras comunales. Al menos esa impresión se llevó el equipo de Alerta Amazónica en una corta estancia en la Comunidad Nativa de Nuevo Mundo, donde la petrolera construyó su campo base.

Esta comunidad matsiguenga forma parte de la organización CECONAMA. En su portal, esta organización anuncia que “La Amazonía sostiene una inmensa cantidad de recursos y oportunidades para los negocios, entre ellos hidrocarburos.”(3) ¿Una oportunidad para Nuevo Mundo?

Varias hectáreas de la comunidad han sido cercadas para acoger un campamento con depósitos de gas y combustibles líquidos, aeropuerto con vuelos regulares, helipuerto, puerto fluvial y decenas de casas para acoger cientos de trabajadores.

Ni siquiera el ruido ininterrumpido del generador, que llega a escucharse desde el interior de las aulas del centro escolar, ni el de los continuos despegues y aterrizajes de los helicópteros que transportan insumos y personal al nuevo Pozo Kinteroni I generan aparente disconformidad entre los entrevistados: “La empresa nos da chamba”- es un comentario usual en la comunidad de Nuevo Mundo.

Con todos sus techos de calamina, alumbrado público y numerosos edificios de cemento, esta comunidad se destaca entre las más intervenidas del Bajo Urubamba. “ Acá se junta la plata de las regalías del distrito de Echarate – agraciada por los millones de dólares procedente del Canon de Camisea- con el trabajo y compensaciones que ofrece la empresa” – nos advierte un comerciante en la entrada de Nuevo Mundo.

Entre las compensaciones, Repsol ha construido la oficina comunal, con radio y computadoras con servicio de internet y el único hospedaje de la comunidad. Su logotipo está estampado en cada pared de estas nuevas construcciones y fotos de las llamas del pozo Kinteroni adornan la sala de reuniones.

La existencia verificada de enormes bolsas de gas en el Lote 57 ha empujado a Repsol a iniciar un ambicioso proyecto de industrialización de la selva. Para este año, peinará la selva con un proyecto de sísmica D que afectará 2.360 Km2 de bosque de la Reserva Comunitaria Machiguenga, así como su área de amortiguamiento y la del Parque Nacional Otuqui. También proyecta la contrucción de 22 pozos más que se añadirán al pozo ya perforado Kinteroni I, y una conexión de gasoductos entre los pozos de los lotes 57, 56 y 88. (4)

En la bajada del puerto, un grupo de nativos incrusta piedritas a unos taludes de cemento. Es una obra financiada por el distrito. En el río sigue el permanente ir y venir de botes agitando las banderitas de las empresas que operan en el Urubamba: Repsol, Pluspetrol y Petrobras.

Alguno de ellos se detiene para recoger algún comunario, quien vestido con un chaleco salvavidas de la empresa, pasa inadvertido como uno más entre trabajadores de la compañía. Es un servicio que ofrece Pluspetrol a las comunidades, fruto de los acuerdos por compensación tras los derrames de 2005. “En las concesiones, el Estado se retira para ser sustituido por las petroleras” – aseguran técnicos de Ong ambientalistas en Lima. “Las petroleras aprovechan el vacío para posicionarse en el terreno.”

Alcoholizando el consenso

¿Pero el aparente desarrollo generado por Repsol-YPF en Nuevo Mundo, tiene algun impacto en la cultura? Visitación y Milagros, infermeras de la posta médica, asienten con la cabeza: “Casi todos los hombres trabajan para la empresa, pero la mitad del sueldo se va en trago”.

El equipo de Alerta Amazónica pasea por sus calles y confirma que las escenas de hombres tomando alrededor de una caja de cervezas se repite.

Por la tarde, encontramos uno de los primeros operarios uniformados con camisas y gorras de Repsol. Se ve de lejos que no son de la comunidad por su acento limeño y su académico lenguaje: son los relacionistas comunitarios. Ellos nos aclaran que son el único personal que puede pasear por la comunidad, así como los comunarios tampoco pueden ingresar en las tierras ahora parceladas para el campamento de Repsol. A la pregunta si la compañía ha favorecido el alcoholismo en la comunidad, Repsol nos responde que puertas adentro del campamento nadie puede tomar ni estar tomado. Otra cosa es cuando el comunario que trabaja para Repsol, cruza la puerta del campamento al finalizar su jornada. Ahí deja de ser trabajador, para convertirse en lo que realmente es, un comunario de Nuevo Mundo, pero con el bolsillo lleno de soles.

“Con los primeros sueldos, todo el mundo compró televisor y frigorífico, es una cuestión de estatus”- nos comenta un comerciante. “Pero después, con la poca práctica al ahorro, la aficción por la cerveza creció mucho”.

Más dinero no es menos desnutrición

Los hábitos alimentarios han cambiado. Poco a poco, la gente descuida sus chacras y compran productos industriales tales como gaseosas, galletas o fideos. La pesca tampoco está en su mejor momento, porque requiere más tiempo, para sacar pescado más chico. Una entrevista días más tarde, realizada a la ONG Prisma en la Comunidad Nativa de Camisea, nos corroboró esta paradoja: “Aunque gastan más dinero en comida, la desnutrición crónica está presente en la mitad de los niños de las comunidades. Porque una gaseosa llena la barriga pero no alimenta”. (5)

Esta institución realiza un programa financiado por la compañía Pluspetrol, operadora del mega-complejo Camisea. Sus objetivos son combatir la desnutrición crónica con actividades formativas dirigidas a las madres, niños y padres de famílias. Las abundantes estadísticas, muestran que en las 7 comunidades beneficiadas por el proyecto, la desnutrición crónica infantil afecta a uno de cada cuatro niños , mientras que la anemia afecta a 76,6%.

Con chamba pero sin pescado

A cinco años del aterrizaje de Repsol en el lote 57, se detectan rápidos cambios en la vida de la comunidad. Sus impactos ambientales, se irán visibilizando con los accidentes y derrames que inevitablemente ocurrirán en los 23 pozos que tiene proyectados. Eso vendrá después de los primeros años acaramelados por los sueldos y compensaciones.

Entonces, la transformación de las comunidades nativas en localidades petroleras, genera la paradoja del dinero que trae pobreza. Los hombres de la comunidad tienen trabajo y, por tanto, dinero. Pero no tienen tiempo para pescar ni para atender la chacra. Además, desde los derrames que generó la rotura del gasoducto de TGP en 2005, la fauna ictícola del río Urubamba, no se ha recuperado. También influirá el paso de 100 barcos diarios de diferentes petroleras, como se evidencia en los cuadernos de los puestos de control fluvial comunitario. Se necesita entonces más tiempo para sacar menos pescado, nos han informado en todas las comunidades ashaninkas y machigengas ribereñas consultadas.

Además, el dinero no garantiza el cuidado y alimentación de la familia, porque se han enquistado patrones de consumo y socialización en torno al alcohol.

Dejamos Nuevo Mundo, después de esperar dos días en la playa de la comunidad esperando un bote. Por fin llega un comerciante procedente de Ivochote, punta de carretera que comunica la selva con Quillabamba y Cuzco. Descarga 250 cajas de 12 botellas de cerveza. A su trajín se une el de varias mujeres que suben y bajan la cuesta al río transportando sacos con cascos de cerveza vacíos. Los arrojan a la arena formando una tremenda montaña de botellas.

“Cada semana hago este transporte y conmigo bajan tres más con la misma carga”- aclara el comerciante. Para una comunidad de 1000 personas, la mayoría niños y la mitad mujeres, salen unas estadísticas de consumo muy elevadas.

Abandonamos la comunidad mientras el ruido del chasquido de botellas se funde con el de los motores de barcos y helicópteros de la petrolera. Y nos preguntamos si los niños de esta comunidad serán dueños de su destino algún día, cuando la Ley de Consulta entre en vigor.

Notas:

(1) Proyecto de documental Alerta Amazónica: http://alertamazonica.wordpress.com

(2) “Kakintes suspenden diálogo con Repsol por “burlas” del MEM”: http://servindi.org/actualidad/49489

(3) “Oportunidades de Negocios” en http://ceconama.org/index4.html

(4) Repsol Perú, Estudio de Impacto Ambiental exploración sísmica 3D , perforación de pozos exploratorios y exploración sísmica 2D en el lote 57, 2010

(5) Alerta Amazónica, entrevista a PRISMA. Camisea, 19/07/2011

Servindi

http://servindi.org/img//2011/08/Lote_57_Camisea.jpg