Si bien toda inversión es bienvenida y representa una señal positiva para la economía, las que anunciaron Exxon Mobil, Apache, Chevron y AES por unos US$ 1.000 millones reflejan las urgencias que enfrenta el sector energético

Por Antonio Rossi | iEco

Las promesas y ratificaciones de inversiones en los sectores petrolero y eléctrico que la presidenta Cristina Fernández y el ministro de Planificación, Julio De Vido recibieron de un grupo de empresas estadounidenses han puesto sobre el tapete la particular realidad que presenta el escenario energético local.

Si bien toda inversión es bienvenida y representa una señal positiva para la economía, las que anunciaron Exxon Mobil, Apache, Chevron y AES por unos US$ 1.000 millones reflejan las urgencias que enfrenta el sector energético, tras ocho años de administración kirchnerista que dejaron una marcada caída de las reservas y la producción de gas y petróleo y un sistema eléctrico que funciona al límite de su capacidad técnica.

Al igual que YPF y Panamerican, las petroleras estadounidenses han orientado sus inversiones hacia la exploración y extracción de gas no convencional (shale y thigh gas), segmento en el cual el país contaría con grandes perspectivas económicas y productivas.

Según los estudios de las principales consultoras internacionales, Argentina estaría en condiciones de convertirse en el tercer productor mundial de gas no convencional si logra captar las inversiones necesarias para la incorporación de las modernas tecnologías de extracción.

A diferencia de los yacimientos tradicionales, la nueva modalidad de producción sólo puede ser sustentable con un esquema de precios en boca de pozo mucho más alineado con los valores internacionales que el existe actualmente para los productores locales.

Con el programa “Gas Plus”, el Gobierno ha comenzado a reconocer, en parte, la necesidad de una mejor remuneración para la producción local de gas. Los últimos contratos que se aprobaron tienen precios que oscilan entre los US$ 4,5 y US$ 5 por millón de BTU frente a los valores de US$ 1,50 y US$ 3 que cobran las petroleras por el gas “tradicional” que entregan al mercado interno.

Pero, las demoras burocráticas en la aprobación de los contratos y la reticencia de las industrias a suscribir contratos a largo plazo con los nuevos valores constituyen una traba que, por ahora, impide una mayor apuesta inversora de las petroleras.

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