Hay temor sobre los efectos hacia 2012

Por Mariano Obarrio  | LA NACION

Las dos máximas preocupaciones del gobierno de Cristina Kirchner pasan hoy por la situación económica en Brasil y por la posible falta de oferta de energía en 2012 ante la creciente demanda, lo cual podría afectar la economía. “A la devaluación y desaceleración económica en Brasil se suma como preocupación el estrangulamiento energético”, confió una fuente cercana a la Presidenta.

“Se busca fortalecer el sistema energético para soportar la demanda de 2012”, agregó.

En lo inmediato, Cristina Kirchner sólo inaugurará obras. Mañana presentará en Mendoza la nueva línea de transporte de alta tensión Comahue-Cuyo. Y para el miércoles tiene agendada la puesta en marcha de la planta de generación nuclear Atucha II, en Zárate.

En medio de la crisis económica global, con posible recesión, descenso del precio de la soja y problemas de competitividad con Brasil, el Gobierno busca resguardarse para que un posible desequilibrio energético no derive en cortes futuros y en aumentos de subsidios para sostener las importaciones.

Despuntan otras medidas de mediano plazo. Según supo LA NACION, la Casa Rosada evalúa la creación de un Ministerio de Energía. Eso implicaría dividir el actual Ministerio de Planificación Federal que conduce Julio De Vido, candidato a ser jefe de Gabinete. Si se diera, no perdería poder, sino que lo ganaría. Pero tiene competidores: el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el secretario de Comunicación, Juan Manuel Abal Medina.

Para bajar el nivel de subsidios y desacelerar el gasto, se estudia también una moderada suba de tarifas en energía eléctrica.

Un futuro Ministerio de Energía se podría fusionar con el área de Transportes. O bien quedarían en otras carteras diferentes Transportes y Obras Públicas.

Durante el viaje de Cristina Kirchner a Nueva York para la asamblea anual de la ONU, De Vido tuvo inusual protagonismo: gestionó con el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, créditos para el programa eléctrico Norte Grande; conversó con directivos de Chevron sobre producción de gas no convencional, y recibió a los de Exxon Mobile y AES, que anticiparon inversiones por 800 millones de dólares.

El ministro de Economía, Amado Boudou, llevó a la energía al tope de la agenda anteayer en Washington. Ante el Consejo de las Américas, además de atacar al FMI, que había criticado al Indec, puso entre los desafíos futuros centrales la idea de “incrementar la oferta energética como una clave hacia delante”.

También envió una señal a los mercados y anunció su intención de acordar la deuda impaga con el Club de París. Ese acuerdo es clave no sólo para obtener financiamiento internacional, sino para destrabar inversiones extranjeras en energía y en minería que diversas empresas del mundo buscan concretar.

A pique

Según documentos del Grupo de Ex Secretarios de Energía, desde 1998 cayó a pique la producción de petróleo y, desde 2005, la de gas. En 2005, el balance comercial era positivo: se exportaban 5600 millones de dólares más de lo que se importaba; en 2010, fue neutro; en 2011 se registraría un déficit de 3000 millones y en 2012 sería de 8000 millones.

El crecimiento de la demanda es de 5 o 6% anual; así el sistema depende de las importaciones a precios internacionales mucho más caros que los del mercado local. Según el experto Jorge Lapeña, el peor escenario sería el desbalance de las finanzas presupuestarias por suba de subsidios, de 60.000 millones de pesos, lo que tiende al déficit fiscal y a una perdida del superávit comercial.

Como en la Argentina es baja la generación hidroeléctrica y nuclear, la oferta eléctrica se alimenta de gas, que al agotarse se reemplaza por fuel oil o gasoil, que se debe importar en forma creciente y caro.

La generación eléctrica puede llegar sólo a 21.000 megavatios y en verano puede ser sobrepasada por la demanda, con el efecto de cortes parciales o administrados. El Gobierno busca lograr inversiones, pese a que en estos ocho años le fueron esquivas.

La Nación