El programa para generar 30 megawatts a partir del vapor de agua de origen termal había sido frenado por una compleja trama ambientalista judicial. Un fallo del Tribunal Superior de Justicia de la provincia sostuvo que no existían elementos probatorios sobre potenciales daños ambientales. Optimismo empresario

Neuquén está llamada a ser una provincia cada vez más energética. La afirmación no se basa sólo en la ilusión de que finalmente se desaten las inversiones hidrocarburíferas en recursos no convencionales. Tampoco en los grandes proyectos hidroeléctricos incluidos en el plan que el secretario de Energía, Daniel Cameron, difundió en distintos puntos del país y que pronto presentará en la región. Neuquén también tiene amplias posibilidades en energías no convencionales y no contaminantes, como la eólica y la geotérmica. Dentro de 2011, por ejemplo, la Agencia de Desarrollo de Inversiones, ADI-Neuquén, presentará un amplio plan para la generación eólica con una capacidad de 300 megawatts e inversiones por 1.000 millones de dólares.

Pero anuncios y declaraciones es lo que sobra en el mundo de los funcionarios. Menos espectaculares suelen ser las realizaciones concretas. Uno de estos casos palpables fue la licitación ganada por la firma canadiense Geothermal One para la construcción de una planta de 30 mw en la zona de las lagunas Las Mellizas, en proximidades de Copahue. La licitación fue completada y la empresa canadiense comenzó las obras, básicamente la perforación de nuevos pozos exploratorios previos a la construcción de la usina. La inversión comprometida fue de 100 millones de dólares a cambio de explotar el recurso durante 21 años.

Antecedentes
El proyecto geotérmico provincial no era nuevo. Existió un estudio del gobierno japonés que determinó que la zona de Copahue tenía capacidad para generar hasta 90 megawatts. La investigación nipona también encontró otra zona de explotación potencial en el área Domuyo. Tan temprano como en abril de 1988 en el área termal Copahue, a 2 km de la localidad homónima, se instaló una central geotermoeléctrica piloto, que posteriormente, en los ’90, dejó de funcionar. La investigación en generación geotermal fue abandonada debido a la supuesta abundancia y por entonces baratura del gas, un recurso que en aquella década aparecía casi como ilimitado y que dio lugar a importantes inversiones para la reconversión gasífera de buena parte del parque térmico. El cambio de tendencia, tanto en los precios internacionales como en las reservas hidrocarburíferas de la provincia, llevó a retomar la senda de las energías alternativas

Freno judicial
Cuando fue presentado, la ADI destacó el carácter “limpio” del proyecto y el aval internacional a este carácter no contaminante que habilitaría a la provincia a la emisión de “bonos verdes” en el marco del Protocolo de Kyoto por 1,5 millones de dólares anuales. Lo último que se imaginó entonces fue un bochazo judicial sobre la base remota de argumentos ecologistas. Más cuando la energía geotérmica es validada hasta por multinacionales como Greenpeace. A modo de ejemplo, Greenpeace defendió los proyectos geotérmicos desarrollados en México, en el Estado de Puebla. Por todo esto sorprendieron los reclamos y el pedido de amparo judicial para que se suspenda el proyecto. El amparo, basado en tecnicismos legales, fue concedido por la jueza de Zapala Ivonne San Martín, e incluso validado en segunda instancia por la Cámara de Apelaciones de Todos los Fueros de dicha localidad, situación que rechazó el fallo del Tribunal Superior de Justicia provincial esta semana.

Los argumentos de los que se oponen
El pasado noviembre, la “Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Copahue-Caviahue” y Loncopué, en una nota enviada al gobierno provincial con casi 100 firmas, rechazó la instalación de la planta geotérmica. Argumentaron que el proyecto no generaría demanda de trabajo local, la que mayormente se imporía a la región debido a su especialización, y que una vez construida la nueva planta, esta funcionaría automatizada. También se quejaron porque “la principal actividad de la zona es el turismo, no la geotermia” y que, en el mejor de los casos, la inversión sólo traería el beneficio de que “no se nos corte tan seguido la luz”.

Vale recordar en este punto que la inversión canadiense contempla también la construcción de una línea de alta tensión entre Caviahue y Ñorquín a cargo de la empresa que ganó la licitación y otra entre Ñorquín y Chos Malal a cargo del EPEN, lo que aportará a solucionar la crítica situación de la oferta eléctrica en el norte provincial.

La Asamblea también rechazó “por viejos” los estudios de factibilidad realizados por la agencia japonesa JICA, los que determinaron que la generación geotérmica no provoca “ningún tipo de alteración climática, ni sísmica ni visual”. Según los vecinos “el estado de naturalidad no es el mismo que hace 20 años atrás, debido a que el crecimiento demográfico, el desarrollo urbano y de la actividad turística implicaron cambios”. Haciendo una analogía con la minería tradicional, que extrae recursos no renovables, los vecinos señalaron que “una actividad extractiva es poco compatible con el perfil económico (turístico) de la localidad, y con los objetivos de desarrollo local”.

De las voces críticas aquí reproducidas no parecen surgir elementos que sostengan la existencia de un potencial daño ambiental.

Ser o no ser periglacial
De la (tediosa) lectura del fallo del máximo tribunal provincial conocido esta semana también surge la ausencia de elementos que permitan intuir daño ambiental. De hecho, esta fue la principal crítica que los vocales Ricardo Kohon y Oscar Massei realizaron a los fallos de primera y segunda instancia zapalinos, los que a través del la concesión del recurso de amparo frenaron en los hechos el Proyecto Geotérmico Copahue. En particular, el fallo expresa que en ningún momento el demandante probó que la generación geotérmica diera lugar a “un peligro o daño ambiental grave e irreversible en el ambiente” como para fundamentar una medida cautelar.

De todas maneras, como desde la primera presentación realizada hace casi un año apareció la aprobación de la ley de glaciares, se introdujo un nuevo amparo; esta vez sobre la base de que la zona geotermal de Copahue se encuentra en un área periglacial.

Esto hace que el fallo de esta semana del Tribunal Superior no signifique el fin de la disputa judicial, pero desde la provincia consideran que, de todas maneras, el contenido del fallo habilita la continuidad del proyecto. Ello se debe a que en el texto del tribunal se deja claro que la zona de explotación “no es periglacial”, conclusión a la que se llega en base a pericias realizadas por técnicos del Ianigla-Conicet (Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales).

Perspectiva empresaria
En la misma línea que la provincia, fuentes empresarias destacaron que el fallo del TSJ “produjo un fuerte y muy positivo impacto en las corporaciones que tiene interés en invertir en Neuquén” ya que la situación de tener parado por un amparo sin ningún fundamento un proyecto de energía no contaminante y renovable, primero en su tipo en la región y el más grande de América del Sur, había generado desconcierto y desaliento.

La Mañana Neuquén