Tras desbancar a Alemania, el país asiático se ha convertido en el primer socio comercial de Moscú

Pablo M. Diez | La Nación

En su primer viaje al extranjero desde que anunciara su candidatura a las elecciones presidenciales del próximo año, el primer ministro ruso, Vladimir Putin, ha recalado hace dos semanas en Pekín para desbloquear un importante acuerdo de suministro de gas a China.

En 2009, el gigante Gazprom firmó un contrato para abastecer a China National Petroleum Corporation (CNPC) de casi 70.000 millones de metros cúbicos de gas anuales por un espacio de tres décadas a partir de 2015, pero ambos países aún no han estipulado el precio final.

Dicha cantidad supone el 60% del gas que necesitó el año pasado el coloso asiático que, a pesar de su imparable industrialización y frenético crecimiento económico, sólo importa de Rusia un 8% de su consumo.

“Quienes venden siempre quieren un importe más alto, y quienes compran siempre desean un precio más bajo”, explicó Putin a un grupo de periodistas confiando en que la negociación iba a entrar en sus últimos pasos.

“Tenemos que encontrar un compromiso que satisfaga a ambas partes”, agregó el primer ministro de Rusia.

Durante su visita de dos días a Pekín, el primer ministro ruso se reunió con su homólogo chino, Wen Jiabao, y con el presidente Hu Jintao, con quienes ha confirmado el buen momento – al menos económico – que atraviesan las siempre difíciles relaciones diplomáticas entre ambos países vecinos. Antiguos aliados comunistas que se enemistaron durante la Guerra Fría por el revisionismo soviético de Kruschev contra Stalin y el acercamiento en 1972 de Mao Tsé tung al entonces presidente norteamericano, Richard Nixon, estos dos gigantes emergentes pugnan por rivalizar con la hegemonía global de Estados Unidos.

Ya no Alemania

Tras desbancar a Alemania, China es ya el primer socio comercial de Rusia y sus intercambios comerciales ascenderán este año a unos US$ 70.000 millones, mientras que en 2015 se elevarán a 100.000 millones y dicha cifra se doblará cinco años después.

Acompañado en su visita por los ministros de Agricultura, Elena Skrynnik; de Comunicaciones, Igor Shchegolev; el responsable del consorcio nuclear ruso Rosatom, Sergei Kiriyenko; y el presidente del banco estatal de desarrollo VEB, Vladimir Dmitriev, Putin ha presidido la firma de 17 contratos por valor de US$ 7000 millones.

Según informa la agencia Bloomberg, entre ellos destacan la construcción de una fundición de aluminio en Siberia con un presupuesto de $ 1500 millones y un acuerdo entre la mayor petroquímica de Europa Oriental, Zao, y la petrolera China Petrochemical. Además, el brazo financiero del régimen de Pekín, China Investment Corporation, destinará 1000 millones al fondo estatal Russian Direct Investment, fundado en junio para captar dinero extranjero.

Plano político

En el plano político, y a pesar de los recientes casos de espionaje industrial y militar por la copia china de un caza ruso, Putin ha reafirmado con Wen y Hu su alianza para detener con su derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU las sanciones contra la represión en Siria, que se ha cobrado unos 3000 muertos desde el pasado marzo.

Tal y como informa la agencia estatal Xinhua, el primer ministro ruso también criticó a la Casa Blanca al tildar de “parásito” al “monopolio del dólar”. En los últimos tiempos, y debido a la crisis financiera mundial, Rusia y China se han unido para pedir una nueva divisa de reserva global más estable que sustituya al billete verde. Todo ello a pesar de que China atesora las mayores reservas de divisas del mundo, con US$ 3,2 billones, de los cuales 1,15 billones son en moneda americana, sobre todo bonos del Tesoro emitidos por la Reserva Federal.

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