La dependencia de los hidrocarburos debe modificarse, por cuestiones económicas, ambientales y geopolíticas. Las alternativas para ampliar la oferta con energía nuclear, eólica, solar, hidroeléctrica y carbón mineral

Producción: Tomás Lukin

Reducir la dependencia

Por Diego Mansilla*

Estos últimos meses se sucedieron dos inauguraciones de obras de generación eléctrica que avanzan en la diversificación de la matriz energética: Atucha II y el Parque Eólico Rawson. Es sabido que casi el 90 por ciento de la energía consumida por año en Argentina se obtiene de la quema de hidrocarburos, fundamentalmente gas natural. El fuerte peso de los combustibles fósiles aumentó desde los noventa, cuando la mayor demanda energética fue cubierta con la instalación de generadores térmicos a base de gas natural, al tiempo que se frenaron las obras de energías alternativas, el plan nuclear y las grandes hidroeléctricas.

Esta fuerte dependencia de los hidrocarburos debe modificarse, por cuestiones económicas, ambientales y geopolíticas. Fundamentalmente, el creciente consumo de gas natural se transformó en el principal problema para el sistema energético nacional, en años de reservas de gas y petróleo declinantes, con la extracción que continúa cayendo y la necesidad de realizar importaciones crecientes de gas natural para evitar problemas de abastecimiento, todo fruto del fracaso de las políticas neoliberales implementadas en el sector hidrocarburífero.

En realidad, ninguna de las dos obras inauguradas comenzó aún a funcionar en forma completa. Atucha recién lo hará el año que viene, mientras que el Parque Eólico apenas instaló poco más de la mitad de sus generadores. Aunque estos emprendimientos no solucionarán la gran dependencia de nuestro país a los combustibles fósiles, se muestra la voluntad de avanzar en el reemplazo del petróleo y el gas natural. El Plan Nuclear fue reanudado en 2006, luego de su cancelación en la década de los noventa. La terminación de Atucha II sería continuada, según el anuncio oficial, con la construcción de una cuarta central nuclear nacional y con el proyecto Carem (Central Argentina de Elementos Modulares) de pequeños reactores.

Por su parte, se iniciaron obras hidroeléctricas largamente suspendidas y comenzó el desarrollo del resto de las energías renovables (como la eólica y solar), gracias al Genren. Este programa construirá en el país cerca de 900 MW de potencia instalada basada en energías renovables (principalmente eólica). Justamente el Parque Eólico Rawson pertenece a esta iniciativa del gobierno nacional. Sin embargo, es necesario avanzar mucho más en las energías renovables, aumentando la capacidad instalada de generación y reemplazando en el consumo final al gas natural y al GLP por electricidad. Pero además se debe hacer crecer la industria nacional, desarrollando ciencia y tecnología propia en energías renovables.

En este sentido, la carencia del Parque Eólico Rawson es clara. A pesar de contar con tecnología suficiente y capacidades para desarrollar un sector industrial competitivo en energías renovables, el componente nacional no fue tenido en cuenta en la licitación del programa Genren realizada por Enarsa. Así es como, mientras existen empresas nacionales que exportan tecnología eólica y construyen parques en el resto del mundo, los molinos del Parque Eólico Rawson proceden de Dinamarca. Hasta la propia Presidenta reconoció en plena inauguración que estos equipos podían haberse producido en el país. Para que esto suceda, hubiera sido necesaria una real política de “compre nacional” desde el mismo sector público, como tiene por ejemplo Brasil, que impone un requisito mínimo de industria brasileña del 90 por ciento para las compras de Petrobras.

Algo similar sucede con los próximos pasos del plan nuclear. Mientras que los Carem serán de producción y diseño nacional, el proyecto de Atucha III indica que se volverá a recurrir fundamentalmente a la tecnología importada, en lugar de desarrollar y fortalecer la ciencia y tecnología nacional.

Otro camino para diversificar nuestra matriz es la mayor utilización del carbón mineral. En este sentido, actualmente se está construyendo en Río Turbio una central térmica a base a carbón, y la Secretaría de Energía de la Nación proyecta alcanzar el 13 por ciento de la generación eléctrica en 2025. Sin embargo, nuestro país no debe profundizar la opción de quema de carbón para generar electricidad por ser altamente contaminante para el medio ambiente.

Argentina debe profundizar las políticas tendientes a avanzar en la diversificación de la matriz energética. Sobre todo teniendo en cuenta que las grandes centrales térmicas construidas en Timbúes y Campana aumentaron la dependencia a los hidrocarburos.

* Economista

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El potencial eólico

Por Ernesto Boerio*

Las recientes pruebas en Atucha II darán paso al comienzo de las operaciones de la central nuclear el próximo año. Dirán que la energía nuclear es desarrollo, que es avance científico, que es progreso, que es energía limpia, que nos dará independencia porque es un recurso estratégico. Todo lo contrario, la energía nuclear es como se pensaba el desarrollo en los ’70, pero el progreso de la Argentina de hoy tiene que pasar por el desarrollo de las energías renovables. Son las únicas que podrán darnos una independencia real, ya que no necesitan de combustible. La energía nuclear no es avance científico, y menos lo es Atucha II cuya tecnología y diseño son de la década del ’80. El progreso es tal sólo si es sustentable, porque de otra manera se trataría de la satisfacción de necesidades actuales dilapidando los recursos existentes. El argumento estratégico roza más con una aspiración armamentística que una realidad energética.

Mientras Argentina pone en marcha su plan nuclear, Europa abandona paulatinamente su uso. Alemania ya organizó el apagado progresivo de sus diecisiete centrales al 2022. Suiza decidió lo mismo para sus cinco centrales y en el 2034 estarán todas fuera de funcionamiento. Italia recientemente le dijo no a la energía nuclear a través de un plebiscito. Francia, el país con mayor incidencia de la generación nuclear en su matriz eléctrica, está dando señales de querer disminuir su participación.

El accidente de Fukushima mostró una vez más la vulnerabilidad de las centrales nucleares. Cuando en 1986 explotó uno de los reactores en Chernobyl se pensó que esas cosas pasan en países en desarrollo que cuentan con controles y tecnología obsoletos. Cuando hace más de seis meses el tsunami en Japón dejó al descubierto la inseguridad de los reactores, el argumento fue que el diseño de la central no tenía en cuenta olas de 10 metros de altura. La pregunta es ¿cuál será el argumento que justificará el próximo accidente nuclear?

A menudo se escucha que los defensores de la energía nuclear mencionan la ecuación económica, y afirman que se trata de una de las energías de menor costo. El último informe sobre el estado mundial de la industria nuclear (2009) encargado a un grupo de expertos por el Ministerio Federal de Ambiente revela, por ejemplo, que una de las pocas centrales actuales en construcción, Okiluoto-3 en Finlandia, costará alrededor de U$S 4000/kW instalado. Este valor es el doble de lo que sale la energía eólica en la actualidad. Además, estos costos no incluyen los altos gastos de la disposición final de los residuos y el desmantelamiento de la central una vez concluida su vida útil. Se estima que el costo de Atucha II ronda los 5 mil millones de dólares, cifra más que suficiente para instalar parques eólicos por más de tres veces la potencia de Atucha II.

La peligrosidad de los residuos de alta radiactividad inherentes a la actividad nuclear y los riesgos de la minería de uranio no hacen más que agravar la ya complicada ecuación del sector. Para dar una idea, no existe en el mundo hasta el momento un vertedero nuclear. Los residuos deben alojarse junto a los reactores en piscinas refrigeradas que aseguren su estabilidad. Existe un proyecto en Onkalo, Finlandia, que pretende ser un vertedero nuclear por 100.000 años. El documental Into Eternity (2011) relata algunos aspectos de este proyecto y nos muestra lo complicado y controvertido de llevarlo adelante.

El gobierno nacional no sólo termina Atucha II, sino que planea extender la vida útil de la central de Embalse en Córdoba, y tiene planes para construir una cuarta central nuclear. Este plan nuclear omite las instancias de participación, como lo son las audiencias públicas y los estudios de impacto ambiental de las obras. El mensaje que el gobierno nacional da a la ciudadanía es que no importa su opinión y que el impacto ambiental de dichas obras no es importante. Es curioso que el accidente de Fukushima haya pasado inadvertido para nuestra dirigencia.

Por todo lo expuesto anteriormente le digo no a la energía nuclear en Argentina y en todo el mundo. Nuestro país tiene sobradas opciones para reemplazar los proyectos nucleares con energías renovables y limpias. El potencial eólico, solar, hidroeléctrico, geotérmico, biomásico y undimotriz en Argentina es enorme y debe ser prioritario su desarrollo para tener un futuro energético sustentable.

* Ingeniero. Campaña de Clima y Energía Greenpeace Argentina

Página/12

 

El potencial eólico