Por Alfredo F Laría (*)

Las formaciones geológicas Vaca Muerta y Los Molles, que abarcan las provincias del Neuquén y parte del NO de Río Negro y el SO de Mendoza, son ricas en lutitas pirobituminosas (oil shales) denominadas industrialmente “esquistos bituminosos”. Las lutitas pirobituminosas pueden aprovecharse de maneras diferentes: como roca combustible puede quemarse directamente en calderas para generar energía termoeléctrica (como en Estonia, donde representa el 90% de la energía eléctrica); pueden ser sometidas a pirólisis para convertir el querógeno que contienen en aceite o shale oil, que puede ser utilizado en refinerías como sucedáneo del petróleo; o los yacimientos pueden ser sometidos a diferentes técnicas para extraer el petróleo o el gas no convencional que retienen en su interior.

En los últimos diez años en Estados Unidos se ha desarrollado la técnica del fracking (fracturación hidráulica) para obtener el shale-gas. Consiste en hacer perforaciones para penetrar en la formación que contiene la roca madre, de baja permeabilidad, y luego producir múltiples fracturas en su interior mediante la introducción de agua gelificada a alta presión junto con arenas diseñadas especialmente para mantener las fracturas abiertas y así facilitar el paso del gas para que fluya a la superficie.

Este procedimiento del fracking, que se venía utilizando para la extracción de gas, se ha comenzado a utilizar recientemente para extraer el llamado shale oil o petróleo no convencional. Cuando el tipo de roca del que proviene son arenas de mayor permeabilidad, el producto se denomina tight oil. Para alcanzar estos resultados se requieren grandes equipos de bombeo y enormes volúmenes de agua, del orden de millones de litros por pozo. Mediante múltiples perforaciones de pozos verticales u horizontales –que “navegan” dentro de la formación– se consigue transformar una capa del subsuelo de hasta 100 metros de espesor que dota de conductividad al gas y al petróleo.

Las consecuencias medioambientales que se han detectado están vinculadas principalmente con el riesgo de contaminación de los recursos acuíferos situados en las napas subterráneas. Por otra parte, para fracturar cada pozo hace falta introducir abundante agua y el fluido de retorno de la fractura hidráulica contiene las sustancias químicas utilizadas al introducirla –incluyendo algunas radiactivas que se usan para verificar la trazabilidad– más los metales pesados y otras sustancias que se desprenden de la roca madre. Como es obvio, esto obliga a realizar un tratamiento especial de esas aguas que retornan contaminadas, lo que incide también en los costos de extracción.

Las compañías que están ensayando estas técnicas argumentan que con la experiencia obtenida a partir de los ensayos en Estados Unidos, y por el tipo de productos usados hoy, especialmente en las cantidades que se necesitan para estos procedimientos, no existiría mayor riesgo. Añaden que las perforaciones son cementadas, encamisadas y la fractura se hace a miles de metros (entre 2.000 y 5.000 m), es decir por debajo de los acuíferos que estarían a una profundidad máxima de 400 m. No obstante, como las formaciones bituminosas se encuentran en distintas profundidades, es importante realizar estudios y definir aquellas que no entrañan riesgos.

En Estados Unidos la polémica por el uso del fracking ha alcanzado tal magnitud, que el Estado de Nueva York dispuso una moratoria sobre su uso. Una película –Gasland (2010), del director Josh Fox, que muestra ejemplos de contaminación en el suministro de agua y el suelo– ha ganado un premio al mejor largometraje documental del año. Por su parte, el Senado francés aprobó recientemente una medida contra el fracking, convirtiéndose en el primer país que ha prohibido esta técnica de extracción de gas y petróleo.

Los ingenieros Mariana Matranga y Martín Gutman, del Plan Fénix, han preparado un informe sobre esta técnica, que se puede consultar en internet (1). Terminan su informe señalando que en este tema “es necesario el diálogo de las partes y la divulgación de estudios de validez científica; el silencio sólo alimenta sospechas, sean éstas fundadas o no. Después de todo, el dueño del recurso es el pueblo de la cuenca, al menos para la ley argentina, y para tomar una decisión responsable hay que saber”.

En la actualidad existe una fundada preocupación por la suerte ambiental de nuestro planeta. Es necesario incorporar una ética medioambiental a nuestro modelo productivo, a efectos de evaluar las consecuencias que a largo plazo tienen ciertas decisiones económicas. Como señala The Economist, “cuando se inyecta líquidos en pozos profundos, habrá riesgo. Esto justifica una reglamentación estricta y también más estudios. No obstante, no es una razón para cerrar una industria prometedora”.

La existencia de riesgos medioambientales hace que muchas personas, bajo una atmósfera de incertidumbre y temor, le asignen una categoría sagrada a la naturaleza y cuestionen toda forma de alterarla. Conocidos desastres ambientales producidos en los últimos tiempos alientan esa intransigencia. La única manera de atender a esa sensibilidad es que el gobierno y las empresas implicadas ofrezcan información y transparencia para no eludir un debate ciudadano inevitable sobre estas cuestiones.

(*) Abogado y periodista

(1) http://www.vocesenelfenix.com/ content/gas-y-petr%C3%B3leo-no-convencional-perspectivas-y-desaf%C3%ADos-para-su- desarrollo-en-la-argentina

Río Negro